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Higinio

Lo que me pasa al leer

A menudo la imagen que nos hacemos del lector de libros es el de un viajero a otros mundos (que P. Eluard nos advirtió que existen, sí, pero están en éste). Cada lectura sería un viaje personal, libre, apasionante... pura vitalidad, vamos. Así, haríamos una especie de viaje a una Ítaca tan azaroso como en la obra homérica pero tan recomendable como hace el poema de Kavafis.

Sin embargo, yo me siento más como Teseo en el laberinto cretense. O algo parecido. Cada libro que leo es una puerta a otro espacio con más puertas y donde o bien elijo o bien me veo empujado a abrir otra que me lleva a otra habitación con varias puertas que... en fin. No es la primera vez que tengo esa sensación, pero este verano se ha agudizado y, como tengo esta bitácora tan abandonada (19 meses largos) pues me lo apunto aquí.

Sucedió que allá a finales de Junio, el último sábado cogí del "estante de los libros en espera" un volumen de Léo Malet con tres novelas de Néstor Burma, su personaje de ficción: un detective privado parisino y que "nace" en los últimos tiempos de la ocupación alemana. En concreto las tres novelas que leí están ambientadas en 1943, 55 y 56. Estas dos últimas cuando el personaje se había consolidado y la primera, pues eso: fue la primera de la serie Los nuevos misterios de París. Un personaje que adopta las maneras de la novelística negra americana de las décadas anteriores. En la primera novela (La Calle de la Estación, 120) con un desarrollo de trama plenamente americano (y cinematográfico) ya hace referencia al mundo anarquista que él conoció a la edad de 13 años ya aunque en esta novela lo liga a su paso por el campo de prisioneros tras la derrota francesa (aunque él no fue soldado: ya estaba en una prisión francesa acusado de conspirar contra la seguridad del Estado en vísperas de la invasión alemana).

Disfruté las tres novelitas... pero esa referencia al anarquismo y, en concreto, al anarquismo español exiliado en París (Niebla en el puente de Tolbiac) me llevó a otra novela singular por el título y por la construcción: El anarquista que se llamaba como yo, del escritor Pablo Martín Sánchez. Es una biografía novelada en la que se intercala el proceso de elaboración por parte de su autor: es decir, hay dos Pablo Martín Sánchez en la novela. Y los dos merecen mi respeto y agradecimiento por las horas que disfruté con las dos historias intercaladas. El protagonista principal, anarquista arrastrado por las circunstancias, me emocionó pero también la construcción de la novela (más de 600 páginas... algo que habitualmente me echa para atrás y que en este caso agradezco la extensión). En la página 20 y pico ya sabes el final... pero no. No va a ser ese final. Y lo sabrás tras la página 600 y de forma inesperada. Hacer una novela así y mantener la tensión en toda ella, tiene un mérito innegable.

Pues bien, tras situarme en esa habitación, la puerta que debía escoger en "el estante de los libros en espera" no podía ser otra que la última (creo) de Javier Cercas: El impostor. También la biografía novelada de un anarquista... sólo que más original aún el personaje, aunque la construcción de la novela es igual: se intercala el proceso de redacción con la biografía de Enric Marco, el protagonista. Una vida prodigiosa... en engaños, pero que Javier Cercas maneja con la misma finura de Anatomía de un instante... No se salva el impostor (o sí), pero tampoco los que lo auparon (o sí).

Termino la novela y paso al ensayo: tenía esperando años una revista de estudios sobre la cultura escrita... monográfica sobre las autobiografías y los "ego-documentos". Esa fue, pues, la puerta que abrí. Lógicamente, había dentro estudios interesantes y otros muy de circunstancia. Pero uno de ellos, sobre la cultura escrita entre las mujeres obreras del sur de Londres en el cambio de siglo XIX al XX me empujó, necesariamente, a otro ensayo que tenía en espera: Chavs. La demonización de la clase obrera, de Owen Jones. Cuenta este joven autor (podría ser hijo mío por edad...) cómo se utiliza la ridiculización de "los canis" británicos dentro de la estrategia de lucha de clases iniciada por las clases altas británicas con la connivencia de las clases medias y su ideología meritocrática. Un buen y consistente ensayo... que me llevó a Piketty y sus trabajos sobre la desigualdad. Ahí estoy.

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