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Higinio

Oficialidá… pa qué’y, ho? (2)

No es novedad que se diga aquí. La lengua “asturiana” realmente existente, está en la calle y la habla, mejor o peor, el 80% o más de los que han nacido y viven en Asturias (y es difícil desprenderse de ella incluso afuera). Pero eso no es el bable. Es producto de esa diglosia tan denostada (pero tan positiva, como el mestizaje) y acaso más dialecto del castellano que del bable. Es el resultado de una acomodación de la lengua más difundida a la particularidad local y del entorno más inmediato de sus hablantes.

Y no pasa nada.

Bueno, hasta que llega esa gente estudiada, en la Facultad de Filología. Y buena parte de esos licenciados lo son porque esa carrera se le supone, como a las letras en general, que es una carrera fácil… y como hay que hacer carrera, pues como cuando se hace bachillerato: el de humanidades, que es el fácil.

Viene luego todo lo demás. Otras carreras “fáciles” (los simplistas actúan así), como Historia “descubren” el carácter opresor de unos “pueblos” sobre otros. Y hete aquí que estamos ante el caso. Sólo falta que coincidan uno de Filología y uno de Historia en un chigre, haciendo algo mejor que ir a clase (literal: a menudo es mejor) y se vean como colegas porque llevan unas chapas (ellos, tan modernos, lo llamarán “pins”) revolucionarias por el color –azul y amarillo-, el logo –bien una cruz, bien un trisquel- y comienza la conspiración.

Pero eso pasó hace un tiempo. Unos 20 años. Luego algunos de esos estudiantes encontraron trabajo… en el departamento (las sevicias sufridas tienen como premio lo mismo que en la mili: de novato a abuelo es sólo cuestión de tiempo, no de calidad). Y desde allí, como hay que hacerse ver, pues aumenta el círculo y se sale a prensa, a manifestaciones, a donde sea. La cosa es hacerse notar. Publicar para qué. Acaso sólo para reforzar lo que se canta en la calle.

Ahora sus alumnos están en la misma onda. Se les dijo que “el orgullo” es lo que tienen que proclamar. A falta de ideas, el orgullo de los oprimidos que se quieren liberar.

Pero estoy escapándome otra vez.

El para qué la oficialidá está claro. Los conspiradores no se van y les quedan años. Y han llenado todas las covachuelas a las que creen tener derecho: desde la Academia hasta los departamentos universitarios. Ahora, los que vienen, hay que buscarles hueco. La experiencia histórica está cerca: hace unos 115 años lo hicieron los catalanistas de Prat de la Riba: ocupar todos los espacios… y vivir de ello.

Pues bien. Esta nueva hornada “necesita” un puestito. Y nada mejor que tirar del privilegio lingüístico que da el tener “una lengua propia”. Aunque no sea tan propia, pero como otros la tienen, aquí también.

Había unas hablas por ahí, multiseculares, apegadas a una vida y una cultura rural, apenas cambiadas por la llegada de la industria –y la mina- pero que se pueden actualizar desde la Academia con cuatro trabajillos, mucha voluntad y enormes sumas de subvenciones. Todos contentos. Esas hablas, unificadas (el batúa de aquí) ya están desde hace 30 años a disposición de los advenedizos. Sólo falta que se haga oficial. Que los que somos anormales, nos normalicemos.

Magnífica locura la de quienes nos negamos a la normalización. ¿Sabes?: ¡Que y’os den muito pol culo a los normalizaos!

Oficialidá… pa qué’y, ho?

Estamos a las puertas de mayo y los asturchales empiezan la berrea. A contrapelo. La berrea debiera ser a finales del verano y en el otoño -seronda dizs’en bable- pero, estos, en primavera, cuando la sangre se altera.

Tienen por seguro que en mayo era, por mayo fue, cuando el pueblo asturiano se levantó por su independencia, al llamado de la nación asturiana por cuanto fueron todos: cabezaleros ya xente baxa. Independencia contra Napoleón, y soberanía frente al monarca español. Fue un 25 de mayo.

Pero si a esta película la rebobinamos y pasamos fotograma a fotograma, no sale eso. Es más, se verán las notas “subliminales” que introducen los malévolos y difunden los idiotas (ignorantes, analfabetos e indocumentados).

En mayo, se reunían desde las últimas constituciones del XVII (en realidad un reglamento “otorgado” y visado por el Consejo, para nada “constitución”) representantes de los concejos asturianos -por “comarcas” más que por concejo- para tomar decisiones administrativas. Las decisiones “políticas” sólo ocasionalmente… para remitir escritos lloriqueando (alguna hasta se atribuye a un joven Campomanes), no para “legislar”. Esas reuniones trianuales eran la Junta General del Principado. Algo al modo de las Juntas forales vascas… por lo que éstas tampoco eran “soberanas” ni “constituyentes”.

Y es una institución de Antiguo Régimen. Con todo lo que significa: venalidad en el cargo (de origen: los representantes de los concejos ya eran “permanentes” en ellos, por lo que representan intereses de la nobleza rural más que “del conjunto del concejo”), estamentalidad, defensa de privilegios (esos que se llaman “libertades”), etc.

Pero sí acometen una modificación “coyuntural” revolucionaria: ante el vacío de poder (mejor: negación del existente por colaboracionista con el francés) asumen una “soberanía” en nombre del monarca a quien ni se la quitan, ni se la disputan. La toman prestada en tanto esté “preso”.

Esa es toda la soberanía adquirida el 25 de mayo de 1808. No da para mucho porque el levantamiento no se hace al grito de Asturias por Asturias (o el más de taberna “Puxa Asturias”). No. Como en todos los sitios y en la lengua que se quiera, se dio un por España y (desgraciadamente, también) por el rey (Fernando VII, un ejemplar de cuidado).

Y ahí acaba toda la pluralidad que se quiera: regionalismos de origen y matriz antiguo regimental que se modifica… creando la “nación” española. Porque nación política es la que nace ahora a partir de una “monarquía” (el cuerpo místico de la soberanía es el soberano, padre de todos sus súbditos o vasallos). La Monarquía [soberana], muta en Nación [soberana]. Y no se encuentra documentado (ni se encontrará porque no lo hay) nada que se refiera a soberanías de nacioncillas. Ni en Cataluña, donde habrá que esperar a la década de los 30 de ese siglo para que algún alucinado empiece a soñar con un cuerpo místico de Cataluña.

Es lo que hay. Pero no he respondido a la pregunta inicial. Mañana.

Pensamiento débil

Hay dos formas extremas y políticamente “situadas” de enfrentar la realidad social. Una, que diríamos de “derechas”, se queda en el análisis de superficie y ofrece siempre una visión negativa de la realidad. Usa símiles médicos en los diagnósticos y en los pronósticos: de ahí que continuamente acuda a “síntomas”, y más que de causas, hable de “culpas” que “orgánicamente” se cargan a la sociedad o a grupos de la misma (partes constitutivas u órganos de la misma).

Ese negativismo analítico se corresponde con un “cualquier tiempo pasado fue mejor” y casa a la perfección con el conservadurismo de toda la vida. Pero el peligro de aplicar esa visión a los problemas de la sociedad está en el “tratamiento” médico de la situación. Porque se supone un estado “saludable” que se puede “prescribir” y alcanzar mediante un tratamiento técnico y profesional de los desvíos identificados. Prohibiciones, recomendaciones y, en última instancia, culpabilizar al sujeto (o grupo) de la “salud social”, aunque será el poder el que inicie en el momento que considere oportuno las “terapias” de choque, “dolorosas” pero “necesarias”: cirugía, vamos.

Otra forma, situada a la “izquierda” y también tremendamente superficial es la que se esconde detrás del “políticamente correcto”. De origen liberal (eso son los demócratas anglosajones) fue aceptado por la izquierda “divagante” (terminología del profesor G. Bueno) para sustituir al pensamiento fuerte heredero del marxismo-leninismo y quedarse en lo “progre”.

El pensamiento “políticamente correcto” nada en la superficie del lenguaje, de la apariencia del “signo” más que en el significado. Es decir: supone una relación estrecha entre el signo y el significado, de forma que si cambia aquel, por fuerza lo hará éste. Así, desterramos la palabra “negro” del lenguaje y automáticamente la discriminación empieza a borrarse. Lo mismo con ese estúpido uso del o/a o el más aún, @ para señalar el sexo (aunque se diga “género” y aquí sí sería correcto pues nos movemos en el ámbito puramente lingüístico) en el discurso.

La inanidad de este patético esfuerzo de la izquierda es patente. La derecha, moviéndose en el terreno “gerencial” y “médico” (ambos identificados: el Estado es un hospital para la sociedad) lleva más de una década batiendo sin tregua a una izquierda que está desubicada. Da igual que asuma el poder que no: no lo tiene y no tiene estrategia clara para ejercerlo. Sólo para alcanzarlo en tanto sus votantes se deban mover entre el mal y el peor.

Contumacia

Sí, eso es lo que practica el PP ahora mismo y ante cualquier cuestión. No sólo es que “el fin justifica los medios”, es que los medios deben ser lo más abrasivos posibles, porque si después de la demolición de Felipe González y con la gestión del poder durante ocho años, se les fue de la mano, ahora hay que ir a por todas y para siempre. Lo mismito que los moderados allá por 1843… y para veinticinco años con un mínimo interregno no bien calculado: lo que quería O’Donnell no podía ser y Cánovas lo vio bien pronto.

Contumacia. Da igual que unos y otros digan que “no es constitucional” hacer un referéndum en toda España por el Estatuto catalán. No es constitucional. Punto. Da igual que se presente como se quiera. El Congreso ha votado y no hay más que hacer. Las suposiciones no se pueden ahora trasladar a una “vista del Constitucional”, porque tampoco eso está en la Constitución. No al menos hasta que entre en vigor.

Y es que al PP las reglas sólo le sirven cuando juegan a su favor. En eso les sale esa vena anarquista de “las reglas son para los hombres y no los hombres para las reglas”. Pero ocurre que eso, realmente, no es democrático: es dejarlo al albur de las mayorías. Las reglas deben estar por encima.

Contumacia. Da igual un tema que otro: hay que desgastar al gobierno hasta que se hunda. El asunto del terrorismo y ya a propuesta del propio PP que, entonces, quería dotarse de una legitimidad que no necesitaba pero que le ayudaba a vestirse mejor con esa mayoría recién adquirida, está en manos del gobierno. Exclusivamente, aunque deba contar con la oposición pues ésta debe ser informada (no consultada, ojo) y escuchada si parece oportuno el caso. Pues bien. Ahora el PP “exige” las condiciones para dejar el asunto terrorista fuera de la lucha partidista (que no política, claro). Pero ¿no habíamos quedado en ese pacto, que el terrorismo quedaba fuera de esos avatares? Sinvergüenzas es calificativo pequeño. Descarados, además, por atizar con las víctimas por delante. Y mintiendo. Pues no otra cosa es lo que suelta ese imbécil de Zaplana sembrando dudas y confusión.

Contumacia. En la defensa de una catolicidad que ni ellos mismos se creen ya. Pero eso también ayuda a desgastar al gobierno. Y todo vale. Sale un tontobaba diciendo esto o lo otro sobre la mujer (por ejemplo, que “algo habrá hecho” como dijo ese tonteólogo murciano), o sobre las células madre, o… y ellos con que, claro, como el gobierno está acabando con los valores…

Contumacia. En la “justificación” del cabreo de algunos militares ante el Estatuto. Eso es vergonzoso. Es jugar a bombero pirómano.

Contumacia es pasear a ese hombre de bigote cómico, con risa caballuna y bailándole el agua. Además de contumacia es no tener otro rumbo que ese que ya falló. Si hay que contentar a la ultraderecha, se pierden la derecha. ¿O es que ahora el centro es la ultraderecha, una vez desaparecido el comunismo? Hay que joderse con esta tropa…

Contra la tradición.

No es la primera vez que lo digo. Pero sigo en ello. La tradición, en singular (debería ir, pues, en mayúscula) es un perjuicio para los individuos y, por ende, para la sociedad. Siquiera sea porque hay quien maneja esa tradición, desde su definición hasta su ejecución, pasando por su enseñanza. Y lo hace por sus exclusivos intereses.

Se empeñan en decir que tenemos que tener memoria. Colectiva e individual, se entiende: aquella en la mente de cada individuo. Otro peligro, porque también la administra quien la administra. Y es por ello casi siempre una memoria “vicaria” y nada personal: se debe tener para ser uno más.

Tradición y memoria configurarían, pues, la identidad del individuo en esa comunidad. Y en la agregación, la del colectivo. Las liturgias diversas (conmemoraciones, monumentos, manifestaciones, símbolos…) vendrían a cerrar el proceso y el procedimiento.

Pues bien. Reniego de la tradición porque reniego y maldigo las “raíces"que atan al individuo so capa de darle una identidad y un sentido. ¿Cómo puede ser libre un individuo “atado” a un pasado en el que no ha participado ni siquiera en la elaboración de su memoria? ¿Cómo puede prosperar –el término mejor, para un ilustrado es “progresar”, pero no está de moda- un colectivo atado a la “tradición”?

Se ha celebrado en Cantabria recientemente un congreso de “mujeres gitanas” y he oído las declaraciones de una que se reclamaba “gitana” y “moderna”, queriendo romper con una parte (el machismo “tradicional” de esa cultura) y manteniendo otras. Bien, ya quisiera saber yo cómo se puede hacer eso… y si lo que quedaría luego sería “gitano” o “fusión”.

Podría extenderme más, pero creo que basta este botón como muestra. Siempre ha sido un avance (aunque no sepa hacia dónde, claro…) necesario romper, siquiera un algo, con la tradición. Y normalmente ha sido, además positivo para los individuos. Podríamos hablar del ritmo de ruptura, de las fallas de esa ruptura, de los intentos de recuperar para “reorientar” el viaje hacia delante…pero la necesidad de romper no se debe discutir.

Y, para finalizar ¿qué coño voy a querer yo ser celta, tocar la gaita y andar de madreñas y con montera picona? Me han tomado por gilipollas los de Andecha Astur y Valledor y toda su tropa.

Doblemente víctimas

Así habrán de sentirse en un futuro no muy lejano quienes ahora son víctimas del terrorismo, nada más pero tampoco nada menos. La irracionalidad ciega de unos desalmados que persiguen un sueño cargados de la razón de las balas, les hizo víctimas una vez. Ahora van a por la segunda vuelta… y volverán a perder.

Unos oportunistas políticos (si alguien retira esa etiqueta a Zaplana es un mendaz, pues no he oído una disculpa del tal sujeto a aquella metedura de pata de principios de los 90 cuando declaraba estar en política para ganar dinero) que harán cualquier cosa para volver al poder (¡y esos están cargados de moral para reivindicar su razón!... asco…) aparecen como garantes de una vindicación de las víctimas ante cualquier olvido. Sinvergüenzas que se mezclan con sinceros reclamantes de un “nunca más” y que también pagarán por ello en su momento, que nadie lo dude. Esos oportunistas, hacen nuevamente víctimas a los que desgració ETA. Son, para los oportunistas, un medio nada más. ¿Cómo demostrarlo? Hemeroteca. Sí, hemeroteca. Hubo hace 7 años poco más o menos, un individuo de bigote que había salido de provincias… que no dudó en negociar con el MLNV: sí, con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Autorizó una negociación, no un mero diálogo y también lo hizo público adelantándose a los resultados (la misma tontería que ha cometido el actual presidente del gobierno). ¿Es que entonces no había víctimas?... Por cierto, el partido de la oposición, los partidos de la oposición, apoyaron aquella negociación en medio de una “tregua trampa” que, a lo visto, sólo reconocía Mayor Oreja, también en ese gobierno y en ese momento.

Claro que se puede cambiar de perspectiva con la evolución de la situación. Pero no tengo demasiados datos para creerlo así.

También serán víctimas de esa tontería de “sin vencedores ni vencidos”. Sea lo que salga, habrá que ceder. No sé cuánto, pero habrá que ceder. Es probable que en “lo político” no sea mucho: no habrá autodeterminación tal, pero habrá mayor “ámbito de negociación vasco”. Y habrá excarcelaciones… lo que no es un precio político más que para el gobierno que lo tenga que ejecutar. Y en esas excarcelaciones serán nuevamente víctimas porque su exigencia de “penas íntegras” jaleada por unos irresponsables que, cuando tuvieron el poder, aceptaron redenciones y excarcelaciones sin tanto escrúpulo como ahora, les convencerá de que están cediendo más de lo debido.

Mala solución tiene el asunto.

Pero los irresponsables se declararán no responsables de tamaña estupidez.

Como quiera que sea, serán doblemente víctimas si no se deciden a salir ya del rincón adonde los conducen esos estúpidos.

La democracia matemática.

Desde luego, la racionalidad en la Democracia, es el número. No es la que deriva de una posición moral. Quizás por eso no sirve la definición de Churchill que, con cierta ironía, señalaba que era el sistema político menos malo (si bien con un juego de palabras, innecesario ahora).

Y no sirve porque no procede “valorar”. No es un asunto de valores, es de número.

Viene esto a cuento ahora por esa encuesta que se dio a conocer hoy (acaso sea “oportuna” su presentación: el Estatut ahí, Ibarreche volviendo r que r a lo suyo…) que da un 81% de encuestados –se extrapola al conjunto de todos los vascos porque la encuesta se hizo de acuerdo con métodos científicos que son correctos- a favor de una negociación ETA y Gobierno.

Se supone que en una negociación las dos partes han de estar a la misma altura. Y ese estatus se consigue dando la misma entidad a uno y otro. Parece descabellado, pero es así. Moralmente, sabemos que no debería serlo: una organización terrorista a la altura de un Estado legal y legítimamente constituido… pero la estrategia etarra y de sus adláteres siempre fue esa: una vanguardia –armada- del pueblo vasco (entidad material, histórica, inmutable en su esencia…) cargada de Razón –la que dan las armas y la impunidad de un apoyo difuso-, señala la meta y, a menudo, el camino.

Lo del árbol y las nueces acaso fue la imagen más certera de todo este asunto. Porque los escrúpulos de los compañeros de viaje de ETA (PNV, EA, y de ahí para arriba, los menos escrupulosos y verdaderas caretas políticas de ETA… salvo esos ilusos de EB que se apuntan al bombardeo que cuadre) nunca han sido lo suficientemente fuertes como para dar la vuelta al chantaje y negarse a cualquier transacción en medio de la efusión de sangre y extorsiones diversas. No, no tuvieron coraje. Tampoco ese 40% que insiste en la negociación aunque no haya “tregua”.

La democracia es número.

Y reglas. Éstas son la única garantía para la decencia. El problema está en que la regla da un ámbito de decisión que no cuadra con el propuesto por los sinvergüenzas: ahí el número no les da para ganar.

Ahora bien, la regla se puede saltar. O se puede rehacer… según el número. Y, entonces, apaga y vámonos: gana el sinvergüenza. También es verdad que los finales Hollywood son falsos.

El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Esa es la consigna moral de estos farsantes que insisten en la meta.

Por cierto, el moderado de Imaz va a defender el plan Ibarreche en la mesa de partidos.

La vergüenza la siento yo.

Diatriba por la educación (19)

Ayer, en Madrid, fue la fiesta de la derecha catolicona en su manifestación contra la LOE. Sólo faltaron, de toda la derecha catolicona española, los peneuvistas y los convergentes-unionistas. O sea, los doblemente payasos en esta historia: querrían estar pero no estaban porque la protesta era “centralista”. Y eso que la privatización de centros educativos en esas dos comunidades autónomas (casi independientes) es mayoritaria frente a la pública. Y la Iglesia tiene muchas acciones en ese negocio.

Decía ayer en El País Julián Casanova que cada vez que la Iglesia pasó al primer plano en España, se caminó hacia cambios bruscos. Y trágicos las más de las veces. Antes de decir esto desgranaba todos los privilegios de que disfrutó y disfruta la clerecía, con un error: España no es “laica”, ni oficialmente siquiera. También en ese diario se hacía un resumen (exacto y sin exagerar nada) de los recursos que se traga esa multinacional con sede en El Vaticano: más de 500 millones de euros para 33.000 profesores de Religión -11.000 en la pública y 22.000 en la concertada: Asturias tiene 11.000 profesores para todas las materias; o 105 millones para sostener “culto y clero” recibidos de las “donaciones” (gasto fiscal que se tolera para sostenerla a ciertos contribuyentes voluntarios) junto con otros 35 millones largos que ponemos el resto (y muchos como yo que desearían que esa multinacional suspendiera pagos y fuese liquidada de una p… vez). Y lo que se paga para sostenimiento de esos centros privados (el 70% católicos) que han concertado unidades escolares: profesores (que no han opositado ni han “circulado” conociendo el país), personal, material e instalaciones… ¡3.000 millones! ¿Es la libertad de enseñanza o pura “desfachatez” y “desvergüenza”? En ningún país es así. Y aún piden el cheque escolar . Hay que echarle morro: que me paguen el gasto de la educación de mi hija contra factura… que la mando a estudiar a Houston. Los ricos que apoyan a la derechona no sólo quieren chupar lo que extraen con mejores o peores artes en el sistema económico: QUIEREN QUE LOS DE ABAJO PAGUEMOS LA SEGREGACIÓN QUE DESEAN LOS DE ARRIBA.

 

Diatriba por la educación (18)

¿Dónde acaba la igualdad de oportunidades?
Cuando favorece a uno más que a otro, lógicamente. ¿Se puede determinar ese punto? Se puede.
La igualdad de oportunidades requiere acción positiva que es una discriminación temporal. TEMPORAL, o sea hasta la consecución de la meta que es, precisamente, esa igualdad de oportunidades; no el igualitarismo forzoso e impuesto.
Y el momento del cese debe medirse, desde luego, en el mismo plano en que se planteó esa acción positiva. Si estamos hablando de eliminar el plus de esfuerzo que la mujer debe realizar para alcanzar la independencia económica (un trabajo) o el reconocimiento a su labor... en el momento en que se alcanza eso, se acabó la acción positiva: un paso más y entramos en discriminación real para el oponente. Estaríamos, entonces, favoreciendo una desigualdad permanente que se puede interpretar como una “venganza” histórica.
Pero tampoco debe cesar en un momento, pongamos por ejemplo, en que los varones no encuentran empleo. No es el mismo plano.
También hay que tener en cuenta que esa acción positiva en pro de una auténtica igualdad de oportunidades debe plantearse en cuestiones sociales relevantes. Poseer carné de conducir es tan relevante como ponerse un alambre en el ombligo. Y eso nadie diría que es relevante aún con “disminuir la autoestima personal” en aquellos que, deseándolo, no se lo pueden pagar en las condiciones sanitarias adecuadas. Tampoco es relevante el acceso de los jóvenes (13 a 30 años, por lo visto) a la discoteca y barra libre el fin de semana: no parece que se deban pedir subvenciones para ello. Me lo parece, vamos...
La enseñanza se pensó como una ocasión propicia para la igualdad de oportunidades. Y creo en ello, claro está. Pero también entiendo lo que dice en El País Semanal Javier Marías cuando censura que la insistencia a lo largo de toda la escolarización en poner el contador a cero desemboca en la mediocridad, en el triunfo de los mediocres. Yo, añadiría, en el recochineo del mangante. Cuando partiendo de la misma línea de salida (Infantil), manteniendo el equilibrio durante otros seis años (toda la Primaria), llegamos a la Secundaria (obligatoria) con el orgullo de no saber leer... no se puede seguir con paños calientes en una ficticia “integración” que no lo es más que social; y a veces ni eso. Es un engaño y un fastidio para los compañeros del “elemento”. ¿Otros cuatro o seis años más facilitando “igualdad de oportunidades”? ¿Y otras dos “oportunidades más”? Joder: luego pretenderemos que el Estado del Bienestar no sea criticado por quien se esfuerza y pelea por hacerse dueño de su vida (que no de la de los demás, vaya por delante)...

Tontería de Izquierda Unida-ICV

Estupefacto me he quedado: IU-ICV piden al gobierno que estudie la puesta en marcha de un plan que permita a los jóvenes desempleados obtener créditos para sufragar los gastos del carné de conducir. Ahí es nada. Tanta defensa del transporte público y, desde los verdes, tanto reproche al transporte privado... y ya vemos. Las contradicciones...
Hoy Michael Crichton dice en La Vanguardia que los ecologistas están parando el crecimiento económico y que, a diferencia de los años 60, hoy representan lo más retrógrado y hacen peligrar puestos de trabajo, desarrollo y bienestar. Lejos de mi defender al ilustre bestsellero. No. Al contrario. Creo que los ecologistas pidiendo sensatez y restricción en el uso de combustibles fósiles y control de los agentes contaminantes están haciendo una heroica labor. Eso sí, los de aquí, integrados en la Jaula de Grillos alternativa, pues no.
Vamos a ver, tras la ayuda para afrontar los 800 euros de media que cuesta sacar el carné de conducir, ¿defenderán a continuación la concesión de créditos blandos para tunear el cocherito leré? ¿No genera eso también empleo y desarrolla la creatividad? ¿Ese coche que se adquiera va luego a ser “para ir a trabajar”? ¿No será mejor usar el transporte público? ¿Es necesaria esa igualdad de oportunidades para optar a matarse en carretera el fin de semana?
No me jodan, por favor. Vale de tonterías y folcloradas. La izquierda es/debería ser otra cosa, coño. Para ver la noticia

De la irresponsabilidad

Siempre oí que hacerse mayor es responsabilizarse de los propios actos; es decir, ganar en responsabilidad es “madurar”. La responsabilidad vendría a ser el coste moral de la actuación personal. Puede ser desde la asunción de “culpabilidad” y petición de perdón, hasta la responsabilidad penal ante la sociedad.
Cuando el daño provocado por la actuación personal es grande, está claro que la responsabilidad es mayor. Hace tiempo que hablé de una categoría de prójimos dañinos que llamé hijoputa social y su adlátere el imbécil social, personajes que muy a menudo rehuyen esa responsbilidad y acaban siendo, para más regodeo ante las víctimas, héroes de la facción “ganadora”.
Viene esto a cuento por tanto aprendiz de brujo que arribó a la política en este país llamado –aún- España. Tanto hijoputa social que habla en nombre de pueblos, naciones y demás fantasmas así como de “acomodos” y “capacidades decisorias” frente a cualquier norma establecida previamente y que, es el origen de la Democracia. Ésta es, como se sabe, decisión y norma para decidir. Ambas cosas indisolublemente unidas.
Recuerdo un hecho de mi adolescencia tardía, en la Universidad, cuando nos íbamos a comer (y, de paso, cambiar) el mundo. Ya pasaba de los 20 y, sin embargo, estuve en el grupo de cabeza de una “revuelta” con plante ante un examen... que costó suspensos (la revancha de la profesora) y la pérdida de la beca para un buen número de compañeros. Yo mantuve la beca porque aprobé en setiembre, pero otros no tuvieron tanta suerte y yo les había arrastrado a ello. Fui un irresponsable y ni siquiera pedí perdón entonces. Lo hago ahora. Hace muy poco que rememoré esto con ex compañeros que lo habían vivido también.
También leí muy recientemente una alusión a Vázquez Montalbán cuando decía que su generación (nació en 1939; murió en 2003) había cumplido 40 años al cumplir 20... y que tardó otros 20 años en cumplir los 41. Una estupenda forma de decir que mantuvieron largo tiempo el ardor juvenil de la rebeldía... pero también la ligereza de la adolescencia que juega a la revolución a veces sin medir las consecuencias.
Y esa cita aparecía en el contexto de estos aprendices de brujo del Estatut. ¿Cuál será su responsabilidad ante los perjudicados? ¿Sólo política, perdiendo unas elecciones? En este caso las ganará el más listo de los tontos: Artur Mas, que jugó a dos barajas. Y digo que habrá perjudicados sea el resultado que sea porque esta iniciativa política responde al interés de menos del 10% de la población catalana, y exclusivamente de una franja social que es la que menos puede perder. Si esa franja no ve cumplidas las expectativas que despertó el hijoputa social de origen maño y los otros imbéciles sociales, si no alivian el calentón sufrido, habrá jaleo. Y si ven cumplidas esas expectativas, habrá muchos más que sufrirán las consecuencias de una catalanización desde arriba con una herramienta que les deja más impunes, l’Estatut. Merda per a l’Estatut i per qui l’a fet.

Lo imprescriptible y lo caducable

Sí. Pasma notar que en todo un documento constitucional )aunque sea para un paisito como Cataluña, no deja de ser una constitución), se resalte tanto lo impresciptible: los derechos históricos, existentes desde siempre e interrumpido su ejercicio violentamente en 1714... por España, y las declaraciones de todos los atrevidos constituyentes apelando a que la Constitución de 1978 ha caducado en algunos aspectos: que si había sido bajo presión de los poderes fácticos, que si hemos cambiado tanto que hay que adaptarse, que es un documento perfeccionable, que hay que aclarar aquello de nacionalidad, que es para los “próximos 25 años”, que... –dice Carod Rovira (sin el guión, que se lo puso por chulo pero es un capricho y por tanto no tiene entidad legal)- es un paso más hacia la independencia... por lo que tampoco de esta es la definitiva: no es una acomodación, es un trágala que, como tiene la marea mediático-sentimental que tiene detrás, a ver quien es el guapo que ahora se planta y dice, “os han tomado el pelo: no son gobernantes, son aprovechados”.
O sea, hay una constitución y un sujeto (la nación catalana) eternos, con vida que hay que mantener –naturales, por tanto-; y hay otra cosa el Estado español, recién parido, del otro día, encontrado en la calle, sin vida (es algo artificial) y que prorrogaremos en tanto nos merezca la pena y podamos servirnos de él.
Vale. Pero se me escapa la diferencia en la construcción de una y otra “nación política”, salvo que la primera como es cultural, étnica y fracasada como Estado deba recibir ahora una “acción positiva” en aras de la igualdad de las naciones, pueblos, países, culturas y toda la ostia (sin “h” para que no se me enfade la Iglesia: me refiero, claro está, al puerto de roma...). Y, el otro, como es un imperio, un malvado colonizador y explotador, recién aparecido como nación cultural, sin reconocimiento “popular” como nación y, también Estado fracasado (porque no ha podido subyugar la vitalidad del pueblo-nación que es Cataluña, junto con las otras naciones que son Galicia y Euskadi –el resto, ya se sabe, son ahora nacionalidades a secas, regiones o territorios sin calificar... lo que sí gusta a las inmobiliarias, claro) pues no sólo merece acción positiva, sino que debe aplicársele la eutanasia procesal que se merece.
Ya lo ven: lo imprescriptible es esa sicología colectiva materializada en “querer ser nación” y además, serlo; lo caduco es esa sicología colectiva materializada en querer ser ciudadano a secas... y que te jodan para que no lo puedas ser.
¿Saben? Merda per a l’Estatut, i mes merda per qui a fet l’Estatut

Diatriba por la educación (17)

Otra vez no soy yo el que escribe, sino el que suscribe. El autor de este artículo publicado hoy 5 de Octubre de 2005 en La Vanguardia es el que fue director muchos años de Cuadernos de Pedagogía. Sólo con eso tendría un currículo inmenso para opinar de este asunto, de la Educación. Pero, si eso no le sirvió para que no lo echaran sin ni siquiera las gracias de la administración de la revista (el cambio de editor se lo llevó por delante)deberíamos decir que animó todas las corrientes de Renovación Pedagógica que desde Cataluña se extendieron por toda España desde los 70 ya. LÉASE
Decálogo para otra escuela
Una escuela pensada en el siglo XIX, con un profesorado formado en el XX, debe educar alumnos para el XXI
JAUME CARBONELL SEBARROLLA - 05/10/2005 [LA VANGUARDIA]

¿Qué hay que enseñar? Cuando a John Dewey, eminente filósofo y educador, le hicieron esta pregunta, contestó: "mirad la realidad". Su respuesta, en aquel momento, quería significar el creciente divorcio de la escuela con la realidad. Hoy las cosas no han cambiado sustancialmente: tenemos una escuela pensada en el siglo XIX, con un profesorado formado en el siglo XX y con un alumnado al que hay que educar para el siglo XXI. ¿Qué hacer para superar este eterno desencuentro? En este apretado decálogo de urgencia sugerimos algunas pistas tanto para reflexionar como para actuar:

1. Hay que preguntarse qué conocimientos y competencias necesitará la futura ciudadanía para afrontar dignamente los retos culturales, sociales y laborales del año 2015. Ello requiere un debate público y social, más allá de los gremios académicos que sólo tratan de defender y ampliar los contenidos de su propia asignatura.

2. Cuando se establecen relaciones entre diversos saberes y disciplinas, con propuestas donde el conocimiento se integra y globaliza, se comprenden mejor los fenómenos naturales y sociales. ¿Por qué entonces continuar con el conocimiento troceado en asignaturas?

3. Vivimos tiempos acelerados. Los planes de estudio cada día están más sobrecargados. Para el profesor, lo importante es terminar la materia. Para el alumno, aprobar. Poco importa lo que realmente se asimila y se aprende, algo que requiere tiempos más sosegados para afianzar lo que penetra en la mente.

4. El dominio del lenguaje es fundamental para el acceso y la comprensión de cualquier tipo conocimiento - humanístico, científico y tecnológico- y para las diversas formas de comunicación. Por eso todos los educadores somos profesores de lengua.

5. ¿Qué sentido tiene aprender sólo con libros de texto cuando la sociedad está llena de otros materiales y lenguajes? Los centros deben disponer de bibliotecas-centros de recursos, con variedad de textos, imágenes y tecnologías.

6. No hay educación sin un clima de convivencia democrática. Algo que se logra intensificando el diálogo y las relaciones educativas entre los diversos actores y con medidas de prevención: para evitar que los pequeños problemas aumenten y se desborden.

7. Faltan referentes éticos y morales. Los Derechos Humanos, si se trabajan a fondo, son una excelente carta de navegación. Ahí se condensan derechos, normas y responsabilidades, tanto individuales como colectivos.

8. Se precisa una dignificación de la profesión docente. También una mejor formación cultural y pedagógica que le permita orientar al alumnado en la selección y buen uso de la información para acceder al conocimiento y al pensamiento.

9. La institución escolar requiere la complicidad y colaboración de la familia y de otros agentes que intervienen en la socialización de la infancia y la juventud. Y las políticas educativas han de articularse con las políticas sociales y culturales.

10. Las reformas educativas proponen cambiar muchas cosas pero, en la práctica, casi nada se modifica. Quizás habría que hacer al revés: legislar poco para cambiar mucho. Al menos algunas de las cosas que proponemos u otras que se consideren básicas

Diatriba por la educación (16)

Y luego, también, están los profesores que se queman en su tarea. Desde luego, una cosa es trabajar con “objetos” que pueden causar un cansancio físico agotador… y otra, trabajar con “sujetos” que pueden causar una fatiga mental, también agotadora. El trabajo con personas es tremendamente estresante; eso no lo puede negar nadie que se mueva en el ámbito de las relaciones personales múltiples y simultáneamente: desde la ventanilla donde envejece la funcionaria (en general; también hay chicos, claro) y se le va marcando un rictus avinagrado ante las más variadas acometidas de los demandantes de información o “exigentes” ciudadanos expertos en sus derechos aunque analfabetos en el trato educado a las personas.
O el trabajo del personal sanitario (de celadores/camareros, hasta médicos).
O… los profesores, que han de trabajar con personas adultas, semiadultas, jóvenes, semijóvenes, niños, padres (no necesariamente adultos), inspectores (una especie interesante que a veces entra en la categoría de personas), etc.
No es un llanto por el profe. Ni una reivindicación. No. Es algo que he vivido de cerca en mí y en decenas de compañeros que he tenido. Y lo cuento. Un grupo de personitas con cenutrios incluidos. Éstos sin educación alguna (como corresponde a seres del reino animal homínidos sólo de aspecto), tocando los cojones hasta provocar irritación inguinal o incluso abrasión epidérmica de las partes pudendas. Y el profe, manteniendo el tipo porque le han dicho que él es el adulto, que debe dar ejemplo, que no debe perder los nervios y que, en ningún caso debe alterarse porque entonces les da la victoria. Vale: si no es propenso genéticamente a la angina de pecho, puede que acabe con úlcera si, como mínimo, no le cabe la libertad de expresión para proclamar en voz alta que no quiere ir al reino de los cielos por blasfemo.
Debe aguantar. Y debe aguantar cuando el padre del cenutrio le recuerda que es su hijo y que paga para que le eduquen. Y debe aguantar cuando ese cenutrio, por el pasillo, se pitorrea y hace gracias del profe por el mero hecho de estar ahí… ¡y que no haga algo que lo ridiculice!, que entonces ya puede darse por muerto profesionalmente entre esos cenutrios.
Cuando la explosión de cólera libera la tensión acumulada por tener tanto hijoputa menudo delante, pueden ocurrir tres cosas: que se lleve por delante lo que sea varios pueblos… o que caiga en una depresión de la que le costará salir si es que no queda gagá… o que se torne apático, o sea, quemado. Entonces el cinismo, el negativismo y el hostigamiento a cualquiera que intente dar pasos para mejorar la situación, son las actitudes de aquel que empezó siendo profesor y quiso serlo como mejor podía y sabía.
Y la administración sigue pensando exclusivamente en los derechos de los padres a la libertad de elección de colegio para sus hijos y, sobre estos, los derechos y garantías para que no sufran el avasallamiento de las letras, del desasne y de los horrores de la educación.
Gracias, Administración.

Diatriba por la educación (15)

Y esos profesores tuvieron que convivir en la misma “sala de profesores”. Y trabajar juntos. Y contrastar estrategias de trabajo. Y eso no fue fácil. El negativismo de buena parte del profesorado de BUP enganchó rápidamente con aquellos de FP que “sólo eran profesores de FP” (no de [asignaturas] comunes) y tampoco veían con buenos ojos esa “gandallada” de enanos que invadían el sagrado recinto de las aulas de ordenadores, talleres, etc. Y, además, ¡había que hacer guardia de patio en el recreo!.
Eso sí. Se abría una perspectiva de movilidad territorial asombrosa para una buena parte de “inmovilizados” en el antiguo BUP: los institutos ahora eran todos IES, o sea de Secundaria. Y, entonces, podían aspirar a moverse para ocupar plaza en antiguos Institutos de FP los Agregados de Bachillerato y, sobre todo, los “Catedráticos”. Son estos una especie memorable: una oposición con más temas que las de agregados (sólo eso) pero menos complejas que las de Numerarios de Escuelas de Maestría Industrial (éstos tenían un temario tan diverso que, estoy seguro que por ellos entró el posmodernismo en este país). Estos catedráticos ahora reducidos a “condición de catedrático” (o sea, sin derecho de pernada) callaron hasta estar todos colocados en los institutos de las ciudades: ¿para qué quieren catedrático en un pueblo? Así institutos con hasta tres (que yo sepa; seguro que hay casos con más) catedráticos en el mismo departamento... y no hay catedráticos más allá de un radio de 30 kilómetros de Oviedo. Eso sí que es movilidad. Pues bien, estos elementos, con el señor de bigotillo y especialista en liderazgo mundial en el gobierno, reivindican de nuevo su “función” (manejar el departamento, reducción horaria, dedicarse a “dirigir” y a tocar los cojones al que trabaja) y dejar la condición. Pero, coño, no piden volver para los pueblos en los que estaban antes. No eso les queda fuera de mano.
También acabaron moviéndose gentes que de la FP lograron saltar a la ESO y al Bachillerato: Tecnología y Economía, por ejemplo, fueron posibles destinos en el tiempo de la LOGSE. Además, pudieron hacerse “catedráticos” con un trabajillo o, luego, con un examen. ¿Y se quejan de la LOGSE?.
De desagradecidos está el mundo lleno.

España plural y aprovechados

La ambigüedad es un recurso habitual para mantener la situación presente cuando beneficia a quien practica tan falso arte. Pero no es una técnica adecuada para implementar cambios… que no sean, también, favorables al usuario de la práctica.
Así pues, la indefinición es buena para una parte en el proceso de diálogo, negociación, discusión o relación iniciada entre dos o más partes.
Superar eso requiere, desde luego, el acuerdo previo en el lenguaje. Por eso la ciencia se construye con conceptos certeros y con un significado ampliamente compartido. ¿Podrían discutir dos investigadores sobre el resultado de su trabajo si no tuviesen en mente el mismo significado de los términos utilizados? No.
¿Qué quiere decir “España plural“”? ¿Españas? ¿diversidad interna? ¿complejidad de sus componentes? … o, más bien algo borroso e indefinible o un recipiente al que se echa lo sobrante: “el resto”. Como cuando se dice et cetera (el etc de toda la vida, pero en latín, que es más rotundo).
Efectivamente, es un “singular plural”, en cuanto que es un término que recoge un colectivo de personas con alguna característica común y diferenciada de otros colectivos que tendrán otras denominaciones. Esto no es más que mera teoría de conjuntos (la que se nos enseñaba como nueva matemática allá en los 70). Pero creo que también está en el origen de eso que llaman nacionalismo moderno: las naciones lo son por oposición a otras naciones… en un juego de tablero regional o global.
Entonces, ¿España es un colectivo de personas o de territorios? De personas, pero nos quieren hacer creer que es también de territorios. Y son éstos (como “recipientes” más pequeños conteniendo gentes también diferenciadas según alguna característica singular y diferente del resto: el traje de porruano, la butifarra, la chapela, o el coñosumadre) los que compondrían, entonces España. Pero esos recipientes pequeños ¿no contienen a su vez otros más pequeños, hasta llegar al recipiente mínimo que sería –creo yo- la familia, o sea la minitribu? Un regressum ad absurdo como el absurdo provocado por ese planteamiento incorrecto del problema.
Las personas y no los territorios son el objeto de la política. Las personas en su territorio, esto es inevitable. Pero son las personas los objetos políticos porque ellas hacen la política. El territorio es una circunstancia tan peregrina que depende de factores que la mayoría de las veces no son elegidos libremente por esas personas: se nos pare en un lugar; podemos criarnos en otro (muy importante para esos melancólicos que dicen eso de “mi patria está en mi niñez”, por ejemplo Paniceiros… por el verano); trabajar en otro… y hasta jubilarnos y vivir en otro más cálido. Y la elección libre puede ser tan simpática que uno puede ser (con el permiso de Javier Marías) del reino de Redonda y declararse, además, republicano y seguidor del Duque of Corso.
El territorio cambia, el individuo como ciudadano no. Entonces ¿qué gilipollez es esa de España plural para señalar que Cataluña o Euskadi, o Galiza, o Andalusía… son naciones y componentes de una “nación plural”? ¿No es jugar un juego de palabras que sólo busca “el huevo y no el fuero”? Es decir, el privilegio territorial (derechos históricos lo llaman los imbéciles y los hijoputas sociales) para las personas de ese nuevo singular. Ahí me explico yo esa negativa al cafè per tots
Merda per a l’Estatut i per tots les estatuts des naçions i naçioncetes.

Diatriba por la educación (14)

Decenas de miles de profesores en las décadas de los 70 y 80. Para EGB (los maestros), para BUP (los “agregados” y “catedráticos”) y para FP (“numerarios de Escuelas de Maestría Industrial”). Y menos del 60% con plaza fija durante muchos años. La precariedad, el trasiego, el desorden normativo, los cambios políticos nacionalchauvinistas y el deterioro progresivo de la convivencia en el centro, llevaron a una situación de abandono profesional generalizado.
Son muchos los factores que se combinan. Llegamos decenas de miles con una preparación para dar clase, nula o casi: mucho (o, al menos suficiente) conocimiento científico para transmitir... pero ninguna habilidad para transmitirlo. El que tenga valor de defender el antiguo CAP (curso de “aptitud pedagógica”) que lo haga: hará el ridículo.
En las aulas “rebotados” sin expectativas de trabajo tras el final de sus estudios (años 70 y, más aún, en los 80). Con una crisis económica, básicamente industrial pero también de redefinición de los servicios, las “reconversiones” y los hijos de los reconvertidos en clase (en los 90, los hijos de los “prejubilados”: malcriados y pedorros hasta la saciedad), no se podía pedir al alumno que fuese una bola de plastilina para modelar: la realidad estaba afuera, como en los expedientes X.
Y, además, el pasmo ante la necesidad de atajar los fallos con una REFORMA que empieza a mediados de los 80 con muy buenas intenciones... pero con un núcleo duro del psicologismo teórico que, pienso, iba por detrás de la realidad y con mucho irenismo (buenas intenciones y creencia en el bien como principio universal y que las personas son buenas y que... ya me entiendes) de base. Una terminología que usaban cuatro adelantados empieza a llegar al grueso del profesorado en siglas, redefiniciones de lo que ya hacíamos, palabros bestias... era la Reforma... que vino con nombre LOGSE, en el 90, 2 de octubre de 1990.
Defensores, detractores, indiferentes, semicríticos favorables y desfavorables... rápidamente se organizó el debate pero con aplicación práctica e inmediata en el aula: desde la apuesta por esa reforma de manera total (con o sin recursos) al rechazo frontal y la prolongación de “lo que hubo siempre” (BUP y FP tradicional). Una idea se impuso: la Reforma “egebeiza” la enseñanza media (o sea, lo que hoy es la “secundaria”)... frente a la que podría haber triunfado: el profesorado es, por fin, dueño de su trabajo y en su espacio. Pues no. Y quizás aquí haya que cargarlo en la cuenta del profesorado. Agobiado, desorientado, desarmado... pero acomodaticio como el que más, prefirió dejar que se hundiese el modelo antes que aprovechar lo bueno. Desde el sindicalismo más cerrado (de derechas pero también reclamado de izquierda, “autónomo” y “de clase” –en este caso de aula, no de clase; no confundamos) se apostó por llevar el agua al molino propio y tantas zanjas se trazaron que al final no hubo agua para todos ni para nadie. El propio gobierno (y los gobiernos nacional-chauvinistas también) vinieron a desmantelar todo y cubrirlo con la manta del “fracaso escolar rampante”. Otra mentira.
Los profes, en general, actuaron de acuerdo (no podía ser menos) con la experiencia acumulada: los que ya habían vivido otras “reformas” –los había que eran supervivientes de las de los años 50, claro- como la del 70 y sus retoques posteriores y que habían perdido la esperanza del cambio. Pero, en general, se abrieron dos posturas en los centros: los profes del antiguo BUP para los que lo académico era lo que tenían que aplicar: “me pagan por enseñar X” y no por aguantar malcriados...; y los de la antigua FP que apostaban por una labor más integral: educar (a veces también “domar”) dado que ya estaban habituados en la FPI a tratar con los “descartes” que lanzaban de la EGB (los “sin graduado”) o que venían del 1º de BUP con todas suspensas o un historial de gamberro.
Continuará...

Diatriba por la educación (13)

¿Y de los profesores? Venga, hablemos de los profes. Hubo un tiempo en que se decía que el maestro (entiéndase: quiero ser políticamente incorrecto pero, además, en el “giro lingüístico” lo he dado de 360º, por lo que volví al origen: el género es gramatical y el sexo... cuando se puede y dejan) debía serlo por vocación; por vocación de pasar hambre.
La Segunda República dignificó al maestro y a un tiempo empezó a haber maestras. Como el franquismo se cebó tan brutalmente en el “magisterio” hubo que rehacerlo casi desde cero. Y ahí se dejó entrar a más maestras porque, se suponía, eran más dóciles y asimilables por el régimen. Por otro lado, la separación de los niños y las niñas (por sexo, claro, no por género; bueno, y por estupidez religioso-moral) dejó hueco para que fuesen llegando buen número de “profesionales” de la enseñanza.
Cuando a finales de los cincuenta y en los sesenta el hambre ya no era tan acuciante, se convino en acabar con el analfabetismo y por eso (años 56 y siguientes) se preparó legislación para la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 14 años, la FP, etc. Y en 1970 la Ley General de Educación, de Villar Palasí. Aparte de aquella gilipollez de aunar año escolar y año natural, la ley respondía al reto de “si tenemos menos licenciados que en el resto de Europa, vamos a tener más que en cualquier otro lugar del mundo”. Y así fue. El BUP (Bachillerato Unificado Polivalente... que de tanto valer para todo, posibilitó que, incluso, valiesen para políticos) es la gran creación. Y la EGB. Y, sobre todo, el control riguroso de la escolarización total hasta los 14 años, con aquel Graduado Escolar que, si no se alcanzaba, estaba la FP de Primer Grado para adquirirlo al tiempo de una titulación, el Técnico Auxiliar: buena parte de los chapuzas que hoy llenan el espectro laboral de este país.
Pero no es de legislación de lo que quiero hablar. No. De sus consecuencias. El fuerte crecimiento demográfico de los sesenta había que atenderlo adecuadamente y para eso aumentó el número de profesores espectacularmente. Entonces, lo de la vocación dejó de ser tal y pasó a ser, sin más, una profesión. Y no tiene nada de malo: simplemente hay que ser, realmente, profesional, no un mero currito que espera el fin de mes para cobrar o el momento de las vacaciones. Es decir, el profesional debe apostar por el trabajo bien hecho. Lo otro es ser un chapuzas en la profesión.
El aluvión llegó primero vía “interino”. Miles, decenas de miles de interinos. Su “regularización” (o sean los papeles para ser “funcionario”) llegó en diferentes oleadas: los “penenes” (Profesores No Numerarios; no sólo de la universidad, también del Bachillerato), los “maestros de taller”, etc. Y las oposiciones.
Y en las oposiciones, los hijos de la capa más baja de la burguesía desgajada del proceso modernizador del país, y, sobre todo, de las capas de trabajadores y campesinos que empujaron a sus hijos a mejorar la situación en la escala social (sé de qué hablo, créeme). Habían pasado por la Universidad (y muchos habían sacado provecho de ese paso, desde luego) y, con la licenciatura (o diplomatura) encima, querían opositar; y, si a caso, dar clase.
Sigo otro día...

Diatriba por la educación (12)

Y aquí estamos, a punto de empezar a discutir la LOE. Acabo de leer hoy artículos en los que se quejan los directores de los centros (este es de Aixa, la asociación de directores de centros catalana) de que ya no son “órgano de gobierno” (no me lo creo) y de que pierden capacidad de decisión y de sanción (lo puedo creer: cosas del “talante” y de la pérdida de referencias de los asesores y fabricantes de la ley que abandonaron el aula hace 20 o más años: miren a Tini, a Guiopedre, et cetera).
La ley. Recuerdo: no lo es todo, sólo una parte. Y el “pase foral” en los centros es habitual y de alcance ilimitado. Véase el caso de los “pa-qui-stan-íes”, los del “para qué están aquí”, es decir, los Departamentos de Orientación. Bien porque no están dotados adecuadamente (a menudo ni siquiera por personal preparado) en número y espacios, bien porque esa dotación actúa sólo como funcionarios; es decir: esperan el fin de mes contando los días que faltan para las vacaciones (aquí, además de funcionarios se muestran como “docentes”).
Pero también de muchos colegas: los que han tirado la toalla, los que se inhiben cuando el centro está patas arriba, los que no hablan y esperan que otro lo haga, los que...
El pase foral en el aula ya es total. Y ahí todos (yo también) lo hacemos. Porque la ley, por definición es general y el caso particular está en el aula: efectivamente con el alumno hay que dialogar, y la clase debe ser participativa. Pues bien, con el (o la, seamos gilipollamente correctos: entiéndase el “la” cuando lo crea pertinente) que está levantándose de la silla, el que está contando su particular telenovela al de al lado, el que rumia el chicle, el que pregunta escopetando sin esperar turno, el que... mecagonsumadre, vamos a dialogar y ser tolerantes; hagámosle ver que su actitud es incorrecta y que “por favor” atienda. En otra ocasión puede ser que nuestro discurso (y actividad en curso de realización) es para un “alumno medio” del aula y encotramos que hay veinticinco niveles (o casi), incluyendo integración con Adaptación Curricular Individual y Significativa (ojo, que usted no se lo puede imaginar lo singular y significativo que es eso). Entonces, el pase foral pasa a ser pase por el forro. Y es que es pedir mucho. Se lo aseguro.
En el aula (volveré más adelante con otras páginas) pasa todo y de todo. Pero también el patio y en los pasillos. Volvamos más atrás. Al claustro y a los órganos de gobierno del centro. Los que tienen que aplicar la ley y hacerla cumplir.
Hay órganos “colegiados” de responsabilidad y tarea compartida, y órganos unipersonales. Como en cualquier institució democrática, claro. Pues bien. Aquí nos movemos entre dos aguas: son cargos de la Administración (sé de qué hablo: lo fui en alguna ocasión) que deben enfrentarse a la Administración (pedir un profesor es como pedir un préstamo bancario o, peor aún, que te venga un fontanero a la hora que lo necesitas), al claustro de profesores (para eso los nombra la Administración: para controlar y dirigir al personal), a los padres y a los alumnos (han de poner la cara ante las ostias que les lleguen de esas partes). Al mismo tiempo, deben representar a unos y a otros. Vamos, la esquizofrenia. No es sólo que su trabajo no va a ser valorado adecuadamente nunca, es que va a acabar optando por uno y otros y, entonces, se acabó: a apuchinar con lo que te caiga.

Diatriba por la educación (11)

La legislación (y quien la hace) es, efectivamente, un agente poderoso... pero no el más importante. Creo yo. La Ley “general” (la que sea) –la LOCE iba desde lo esperado para una ley de bases hasta el nivel de orden ministerial cuando regulaba los días de clase al año, por ejemplo-; los decretos reguladores (del gobierno central –los R.D.- hasta los de las diferentes administraciones autonómicas que pueden “regular en el currículo hasta el 45% de las materias e incluso el horario: o sea, las taifas educativas); y las resoluciones y demás disposiciones legales dan el marco, pero el “lienzo” lo componen otros agentes.
Las familias, por ejemplo. La Constitución recoge en el artículo 27 el sacrosanto derecho a la libertad de enseñanza. No es la “libertad de cátedra” que va en otro artículo fundamental. Es la libertad de enseñanza para las familias, la libertad de elección de centro y de crear centros. Una concesión (¡¡¡MÁS!!!) a la Iglesia a través de esa derechona que había y hay. Y a la derecha, que quería lo que casi ha conseguido: una red privada elitista (y que se paga con dinero público) frente a otra asistencial que es para lo que creen que se creó el Estado del Bienestar: la caridad institucionalizada.
Bien. Desde siempre en la familia se daba la “educación” y se pedía a otras instancias sociales más o menos formales, la “enseñanza” de destrezas y conocimientos que repercutiesen en la sociedad. Como las mujeres eran invisibles en esas sociedades (serrallos,gineceos, corralas o cocinas... da igual) no necesitaban enseñanza reglada sino “educación” (maneras y modos) y los saberes domésticos que alcanzaban también en la misma casa.
La sociedad actual, compleja y diferente a cualquier otra, ha ido derivando por múltiples razones, la “educación” a instancias no familiares. Así, la familia no da, paga por que se eduque. Sea con impuestos o con el recibo del mes. Así, el currículo debe acoger esa “educación” en materias, asignaturas o “transversalmente”. ¿Y qué? ¿Es mejor así? No.
La primera vez que mi padre me oyó un “taco fuerte” (tremendamente escatológico, desde luego) me reprendió diciendo textualmente “¿Pago para que te enseñen eso?” Claro que no; lo aprendí de él. Y mi hija de mí (y otra gente, claro; no es para estar orgulloso, desde luego). Es un ejemplo palpable de lo que se aprende en la familia. Y eso que nos veíamos poco, dado que yo estaba “interno”. También aprendí muchas otras cosas como el valor del esfuerzo y la tenacidad para conseguir algo; la honradez y honestidad en el trato con los iguales... y que iguales somos todos en una circunstancia al menos: no queremos “que nadie nos pise”; y que hay límites en el comportamiento individual acordes con la edad que no se deben traspasar porque conllevan responsabilidades que luego hay que afrontar. Desde luego, rechacé otros aspectos “educacionales”, como el machismo excesivo de la generación de mis padres, o el miedo al poder político. En esto último es cierto que los tiempos y ambientes en que me moví, ayudaron bastante.
Pero también me pongo de ejemplo aquí para mostrar que es en la familia donde se adquieren los valores “fundamentales”. Y la escuela debería ser un complemento (eso dije a la primera maestra que tuvo mi hija: que esperaba de la escuela que complementase lo que nosotros le estábamos enseñando. Ni más, ni menos). Pero ¿qué tenemos? Desorientación. Seguiré...