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Higinio

Razones contra el multilingüismo (3)

La lengua que he mamado.
Una de las cuestiones que refuerzan la “identidad” es el énfasis en “las raíces”. Hay demasiado vegetal (que no vegetariano) que pasa por ciudadano, o sea que se reconoce humano con derechos civiles y políticos (y hasta sociales también).
La condición de ciudadano sólo es asimilable (genéricamente) a humano muy recientemente. Sensu stricto ciudadano es el miembro de la polis en la que participa (y no sólo por que esté avecindado). El ciudadano tiene una patria que son las reglas de juego del demos, de la polis. Y en la medida que esas reglas de juego (Constitución las llamó ya Aristóteles) son para un territorio delimitado por unas fronteras, pues se puede extender la patria a todo ese territorio. Pero, ¡ojo!, no el territorio per se, ni siquiera como fuente de recursos (eso lo hacen ya los animales territoriales).
Expresiones como “hacer patria”, “la tierra”, etc. apuntan a esa condición de vegetal: es donde se arraiga, donde se echan las raíces. Y uno de los aspectos “radiculares” es la “lengua que se ha mamado”. Otra cosa es que eso, además sea siempre así.
Y es el caso de tanto imbécil (más algún hijoputa social del mismo tenor) que ha nacido a una lengua “vernácula”. No. Y mucho menos quienes ahora tienen entre 35 y 60 años. Y si lo afirman, mienten.
Otra cosa es la imaginación: dos días que estuvieron con los abuelos en el pueblo y cuatro palabras que oyeron en otra lengua que no era el castellano, y esa es la lengua que han mamado. O, si los padres de críos los llamaban “nano”, “ninot” “neno” o “nin”. No mucho más era lo que “mamaban”. O sea un habla particular.
La lengua vernácula la aprendieron mucho después y en el magín la llevan muy atrás. Y como los tiempos actuales vienen preñados de felicidad para las identidades plurales pues ándele usted: desde el panocho al asturgalego, pasando por el euskara o el montañés.
Salvando un 10% de la población española actual, el español (o castellano para los más plurales) fue la lengua materna de todos hasta los que nacieron en la década de los 70, que ya fueron “nazionalizados” en la escuela autonómica.
La imaginación y la memoria (selectiva) pueden hacer madre a cualquier lengua. La realidad es otra. Pero no ofendamos a los que declaran madre putativa a una lengua “minoritaria y minorizada”. Los tiempos de “liberación” a través de la exhibición han llegado. No son el final de los tiempos pero sí la llegada de los “nuevos bárbaros”.

Razones contra el multilingüismo (2)

La lengua como seña de identidad.
No es la primera vez que me refiero a ello. No será la última. La lengua es, antes que nada, un medio de comunicación. Y la comunicación es un acto social. Y en ese acto social somos “individuos” protagonistas “identificados” o, al menos, “identificables”.
La lengua es un sistema de signos, desde luego. Pero no es, ni mucho menos, el único sistema de signos en el que se “transmite” esa magnífica segunda naturaleza humana, la cultura.
Sí es cierto que a través de la lengua nos llega una buena parte (acaso la mayor parte) de la cultura en la que “nos arrojan” al nacer... o –raramente- elegimos voluntariamente. Pero tampoco es el único medio para recibir la cultura.
Entonces ¿por qué la lengua ha de ser el “alma” de la cultura? Desde luego es la base sobre la que se construyen auténticos monumentos culturales (estamos celebrando un “cuatrocientos aniversario” de una obra indisolublemente unida a una lengua).
Los científicos nos dicen que la lengua que “mamamos” nos modela la mente. Parece que eso se ha comprobado hasta en la lateralización cerebral de los japoneses. Desde luego, la lengua nos modela el pensamiento (algo más estrecho que “la mente”), tanto por la recepción de buena parte de los conocimientos, como la posibilidad de expresar y crear a partir de lo que conocemos.
Pero ¿qué razón hay para que la lengua sea mi carnet de identidad? Porque si es así, hay que reconocer que “el analfabetismo -como decía El Roto en una viñeta- es nuestra identidad”. Basta ver cómo se escribe hoy. Hasta quienes han pasado por la Universidad. Yo, Higinio... (póngase ahí un montón de circunstancias que son “mi yo”) ¿soy la “ñ”?. No. Soy la ñ, hablo español no por una elección, como tampoco soy blanco y, ahora mismo, canoso, por elección. Ergo ¿cómo puede ser mi identidad algo que me han impuesto? Aunque luego haga una elección “estoica” de aceptar lo que se me ha impuesto y me afirme. No deja de ser aplaudir por las ataduras. En otro tiempo, había imbéciles (les pongo una etiqueta porque eso era “su elección”) que gritaban vivan las caenas.
Pues quien hace de la lengua su identidad, está diciendo eso. Es, por tanto, gilipollas.

Razones contra el multilingüismo

Lo que no es lo mismo que razones por el monoligüismo. Entendámonos. Se puede vivir en un país “plurilingüe”: en cada territorio se utilizará la lengua respectiva en según qué contextos... y una, en todos de forma común. Pero multilingüe es otra cosa: cualquier lengua en cualquier territorio de ese país.
¿Bélgica?. Vale. Son dos, el francés y el flamenco y es posible. Eso sí: puede ocurrir que el interlocutor sea un payaso con “micropoder”, como aquel guardagujas de los ferrocarriles belgas que aún sabiendo que le informaban de un choque inevitable, como no se lo dijeron en “su” lengua (se supone que se “atentaba contra su identidad”) el muy imbécil, colgó el teléfono interno. Hubo víctimas. No recuerdo la fecha exacta pero fue hace unos pocos años.
¿Suiza? Vale: son cuatro y hasta sería posible. Lo cierto es que como no se mueven mucho más allá de su cantón, no pasa nada y en la realidad les basta con saber la lengua del cantón y el inglés.
¿Canadá? Bueno. Son dos lenguas (no se tienen en cuenta las indígenas, que sería muy complicado) y como la chulería francófona es tal, hay algo más de la cuarta parte de la población de Québec (creo que un 27%) que se niega a aprender y, por tanto, a hablar, el inglés.
Igual se me escapa algún otro país ultrademocrático y ultraguay que de plurilingüe se pase a multilingüe. En cualquier caso, hablamos de tres países desarrollados, con alto nivel de renta y ejemplo para muchos: Bélgica, un país en desguace que sólo lleva una docena de años como federación pero ya ha tropezado con que el distrito central es “exigido” ya por una de las dos partes: hay que “nacionalizarlo” flamenco. Suiza es un país que existe, sí (todos hemos oído hablar del bollo suizo ¿no?) pero ¿es realmente un país que cuente en el mundo? Se dirá ¿y para qué tiene que contar salvo para sus ciudadanos? Eso lo dice, claro está, cualquier imnbécil; no una persona sensata y normal. El caso es que Suiza tiene el vergonzoso récord dentro de los países democráticos y desarrollados en haber admitido a la mujer con plenos derechos políticos en ¡1971! cuando se le permite votar por primera vez en las elecciones generales. También es de todos conocido su presidente y su primer minsitro, ¿verdad?. En fin: no nos engañemos, es un país de cuento en el que se guarda dinero y todos han acordado desde siempre favorecer eso porque les conviene (y porque al ser montañoso es sumamente peliagudo invadirlo; si no fuera por eso, Suiza, no existiría. Por cierto, para izquierdistas románticos: Suiza es tremendamente conservadora... y Calvino estuvo allí, donde quemaron a Servet por decir lo que pensaba).
¿Canadá? ¿Cuánto más va a durar? ¿Cuánta paciencia van a tener los anglófonos y aquellos francófonos “normales”? Es posible que si el ALCA se apura, Canadá salte en pedazos y los de Québec regresen a ese mundo feliz en el que ni los herederos de Scarlatta O´Hara del otro sur reaccionario quieren vivir ya.
Así, pues ¿Quién quiere ser multilingüe? Los tontos de una esquina de un continente que quiere ser tan plural y tan simpático (el continente) que nos van a mear encima y nos vamos a escojonar. Esa esquina, de momento, la llaman los de afuera España; los de dentro ya empiezan a llamarla Estado Español, retomando la expresión querida por un militarote de bigotillo fascistoide, de voz aflautada pero de talante un poco cabrón. Y esa denominación la dicen sin empacho hasta los que forman parte integrante de ese Estado, por ejemplo Honorables, Leendakaris, y gilipollas asimilados. (Continuará)

Las cárceles de Euskadi...

... no son particulares; cuando llueve se mojan, igual que las demás. Pero el Sr. Consejero de Interior, Joseba Azcarraga, ha dicho que aunque no tenga competencias sobre el sistema penitenciario, son competentes como el que más y ahibalahostia, Josechu -José Luis ZP-, que me voy a montar media docena de cárceles así como así. Oyes tú.
Se van a cerrar las tres existentes (una por provincia, perdón, territorio histórico) y se van a crear seis. Lo de ofrecer la información por vía reglamentaria para qué; con mis dos cojones lo suelto y si el ministro “español” quiere saber de qué va la cosa, “que se pase por la capital del mundo y se tome unos chiquitos y así le explico lo que podemos hacer”. Y de paso que vea que la capacidad de “albergue” es grande: como para meter unos “ochocientos o mil” más de los que hay.
No quiero ser impertinente, pero ¿no son aproximadamente tantos como esas cifras los hijoputas sociales –ver artículos correspondientes- del gatillo, la serpiente y el hacha. Bueno, esos “chicos que se han desviado” que decía el otro hijoputa en las campas de Salburúa.
Vaya. Así que la perspectiva es conseguir el acercamiento de presos en lo que se coincide con la hez de esa famosa sociedad vasca que ve a esos chicos como “presos políticos” (coinciden, sí, con algunos políticos, es cierto, en que tienen grados y medallas por hijoputas; y también en que se creen algo siendo solamente PURA MIERDA). Acercarlos, ponerles un apartamento temporal por una semanita o quince días y luego, por la buena conducta nazionalista a la calle que para eso somos soberanos.
¿Qué no? A ver... Sí, a ver qué tratado “internacional” con un estado asociado puede obligar a cumplir obligaciones de Justicia penal. ¿Que la antigua “potencia colonial” quiere y exige que se cumplan las penas? ¿Y qué? ¿Vamos a arreglarlo a tortas Miren a Serbia: se puede matar, perseguir, violar, acosar a serbios, pero no a albanokosovares, que a esos, por ser más pequeños, los protege el matón de la OTAN.

(NOTA: utilizo la “ch” para ese fonema "tx" porque escribo en español y, además, porque pa chulo yo también que, aunque no sea vasco, también tendo dos “cojones” ¿passsa?)

¿Sueñan los imbéciles con cabras eléctricas?

No lo sé, pero el futuro que resulta de su diseño bien puede ser tan asfixiante como en la novela de Phillip Dick. Eso sí, ¿qué les vamos a decir los humanos ciudadano a ellos que han visto las lunas de la nación?
La literatura de ciencia-ficción nos habla siempre de otros mundos, pero están en este, que decía –creo- Paul Eluard. Y tanto.
Y ficción es la patraña nacionalista que los imbéciles sueñan. ¿La nación es lo natural, como dicen? NO. Y aunque lo fuese ¿qué? ¿Somos nada más que animales?
La nación es una construcción –irracional en buena medida- social. Y su legitimidad no ha de venir de una supuesta acomodación con la Naturaleza. Si acaso con algún aspecto “natural” de la sociedad: la regresión a estadios “más manejables” de asociación en torno a la sangre y la familia. Y el de la territorialidad como animales que estamos estrechamente atados a los recursos, siempre escasos. Ahí radica lo natural de la idea de nación. A partir de ahí todo es artificial y artificioso.
Los símbolos para aglutinar a los congéneres con los que se comparten esos rasgos “naturales” de sangre... incluso la forma concreta de la capacidad “natural” del lenguaje: la lengua. Eso es “artificial”.
Y lo es el mito del pasado que soporta el (siempre a priori) futuro: el futuro diseñado exige un determinado pasado: de desgracia y penuria (con algunas gotas de heroísmo) para los “futuros de liberación”; de héroes y victorias para los “futuros imperiales”. Siempre igual. En todos los sitios igual: el discurso de “queremos ser/seremos porque hemos sido.
Y lo es la forma de aglutinar las voluntades de construir país. Sea en movimientos, sea en grupúsculos conspiradores. La voluntad, el deseo... Una pulsión animal perfeccionada por el humano que la transforma en querer y querencia a través de una racionalización que incluye el cálculo y no se limita sólo al impulso instintivo.
Y si al decir de los posmodernos, (artificieros contra la modernidad ilustrada del universalismo igualitarista) todo, T-O-D-O es símbolo y la cultura un texto “deconstruible” pues artificial y artificioso.
Así que de natural, nada. Mal que le pese a X. Rubert de Ventós que reniega de esa “construcción artificiosa” que fue el Estado.
Pues yo bendigo y aplaudo el Estado. Él me hace ciudadano (humano con derechos y deberes) y me libera de ser súbdito de la tribu.

Un secesionismo más

Miro alarmado la proclamación de “autonomía en la perspectiva de la autodeterminación” que han hecho con un gran consenso interno decenas de miles de bolivianos del Departamento de Santa Cruz. Mi alarma va porque ya hubo incidentes violentos entre los que sí quieren la autonomía, cambas, y los que no, coyas.
Y me alarma también que es claro el motivo: los ricos, cambas, no quieren compartir con los pobres, coyas. Nada nuevo: Escocia, País Vasco, Padania, Cataluña, Eslovenia y Croacia (en la antigua Yugoslavia)... no quieren que el fisco del Estado les “esquilme” para repartir con los otros... aunque siguen esperando que estos “otros” compren lo que ellos producen: el mercado que la burguesía constituyó en estado-nación, debe quedar como mercado y nada más. ¡Para eso está la globalización, coño!
Evo Morales, coya, ya alentó el enfrentamiento con demagogia, mucha demagogia, en el asunto de la producción y exportación del gas boliviano. Y apeló a un nacionalismo patriotero que no sienten por igual indígenas y criollos. Ni siquiera el recuerdo de la derrota ante Chile y Perú que les cerró el mar se pudo construir esa “nación” boliviana que el propio Bolívar “separó” al regalársela a Sucre.
No es nación más que para el ejército (acantonado y a la espera de instrucciones de La Paz) y los gobernantes (oligarquía también: para qué vamos a negarlo). No es nación, pero es un Estado. Un Estado que debería (debe) garantizar la Constitución y los derechos de los ciudadanos todos. Y los que quieren “secesionarse” tendrán que plantearlo de acuerdo a las reglas. Porque las reglas también son parte de la práctica democrática. Sin reglas, por muchas mayorías que haya, sólo hay Demagogia. La que ya denunciaba Aristóteles como corrupción de la Democracia.
Trozos de estados hubo, hay y habrá que enseguida se quieren unir a otro Estado porque conviene a la minoría secesionista (mayoría en su territorio, minoría en el conjunto del Estado). Así lo pretendían Moldavia, Macedonia (por no citar serbios en Bosnia, croatas en Bosnia, serbios en Croacia...) o incluso los ucranianos dividos entre los dos últimos candidatos a la presidencia. Nuevamente las “identidades”: antes borrego que ciudadano.
En fin. Que no sea nada. Espero el análisis del Gara y de Otegui: ¿con quién estarán? ¿con los coyas, que son los “pobres de la tierra”? ¿con los cambas que son los “autodeterministas”?. A tomar por el culo, nacionalistas...

Copito de nieve y los cuervos

Queda un copito de nieve. Está para pocas fiestas, pero es también objeto de exposición pública en todo su patetismo. Espero que nos ahorren el espectáculo de los últimos extertores escondiéndolo en el interior del chiringuito y que sólo den el “parte del equipo veterinario habitual”.
El problema parece que son los cuervos. Y no hay más porque vean el final próximo. Creo. Son también habituales del chiringuito. Es verdad que los córvidos son carroñeros y actúan en bandada. Es más, yo he visto numerosas veces a dos cuervos coaligados cayendo sobre un aguilucho (y eso que las rapaces más “guerreras “ y “políticas”) y alejándolo del territorio que consideran suyo. Vamos, que quieren lo suyo, y lo del “césar”.
Pues bien. Todos saben que recientemente una bandada de cuervos autóntonos estuvieron de visita cerca de copito de nieve e intercambiaron presentes y notas, besos y esas cosas.
Los cuervos iban guerreros porque se sienten especie en extinción. En realidad parece que lo que ocurre es que la carroña de la que se alimentan es posible que mengüe. Y también que se les acorten los decibelios de los graznidos que emiten. Es un problema doméstico pero que al traspasárselo a copito de nieve y repetirlo éste, adquiere un eco “mundial”. Todos sabemos que tiene más eco y es más grave el tam-tam del pecho de un gorila que el graznido de una bandada de cuervos. Aunque éstos sean más penetrantes por agudos y chirriantes.
Los graznidos eran graves acusaciones contra las rapaces autóntonas que se han puesto en un plan voraz sobre territorios que consideran los cuervos de su exclusividad. Son los campos de la educación y del aprovisionamiento. También se huelen que el predominio de los cielos está amenazado. Y de los posaderos habituales. Con ello su exhibición habitual también resultaría mermada y resaltarían los casos de “transmisión (equivocada) de enseñanzas a los polluelos”, o la “gestión de las reservas alimenticias” que rebañan por doquier. Curiosamente, también tuvieron algo que graznar (atención a la palabra anterior: clarísimo ¿no?) respecto al agua: una sed inmensa les invade. Para finalizar, copito de nieve recordaba que hay territorios sagrados por ser propiedad de personajes divinos. Aquí estoy seguro que algún otro cuervo de RH especial debió de bufar en vez de graznar.
De la inteligencia de los cuervos nadie duda a estas alturas... a pesar de que el zorro le logró quitar el queso. Pero ¿quién se acuerda del zorro-Voltaire, hoy? Es una especie antiquísima. Ha evolucionado para adaptarse al medio y está presente en todos los medios. Como el gorrión se ha vuelto una especie dependiente de los humanos hasta extremos increíbles: viven de la “muerte del hombre”, de su miedo a la muerte. ¿Y alguien dijo lo de la “muerte de Dios”? Ya.

Una generación ahistórica (y 6)

Y del tiempo astronómico qué decir. Muy pocos adolescentes (incluyo a los que ya pueden tener 30 o más) manejan el tiempo largo de la Prehistoria y, menos aún, de la vida en la Tierra y del cosmos.
Difícilmente se pueden formar una idea cabal de lo poquita cosa que se es (y ¡tan grande! a la vez) sin esa perspectiva temporal. Tampoco se puede valorar la Naturaleza ni los recursos que en ella encontramos y dilapidamos tan rápidamente.
¿Consumo responsable... desarrollo sostenible? Sí, pero para eso hay que tener un esquema temporal serio en el coco. Y no es el caso.
Si la primera percepción que hubo del tiempo astronómico fue la de la noche y el día, está claro que esta generación no reconoce tal diferencia. Estoy convencido. Y no es por el uso “social” que se hace de una y otra parte de las 24 horas. Es que no entienden que sean diferentes. Debe ser por la iluminación nocturna. Debe ser por eso.
En algún estadio de la Humanidad hubo percepción clara de otro aspecto del tiempo astronómico: el año, el ciclo estacional vinculado al sol. Simultáneamente debió percibirse también el “mes”: el ciclo lunar. No voy a entrar a justificar ahora por qué no ese tiempo astronómico hoy no es notado por esta generación: come la fruta de temporada con la misma conciencia con la que toma la leche que se fabrica en la empresa láctea.
No. No hay una concepción del tiempo astronómico porque, previamente, no hay esa percepción de la lejanía. Acaso los “documentales de la 2” les acerquen a esa medida del cambio en la Naturaleza. Pero se queda en el “mucho, mucho tiempo”. Como aquellos primitivos lejanos que tenían tres números: el uno, el dos, y el muchos.
Pues claro, al faltar esa perspectiva del tiempo largo, el tiempo de la Naturaleza, ¿qué podemos pedirles para una nueva y eficaz relación con esa Naturaleza?. Será, entonces una relación basada sólo en la emotividad, no en la racionalidad. Y mal camino es ese, creo. Mal camino porque me remito a aquellos hippys de los 60 que querían una relación fraternal con la Naturaleza... acabaron comprando Porsche en los 80 y montando empresas depredadoras de esa Naturaleza que amaban. Sólo hubo que esperar a que se curase el romanticismo y que el afecto “madurase”. No. La relación debería ser racionalmente fundada. Y para eso se requiere una reflexión. Y saber, saber mucho.
Pero nosotros, creo, no sabemos llevarles esas nociones del tiempo. Peor para nosotros.

La patria como letrina

Y que no se alarme nadie. Me explico.
La patria es un subproducto obligado de la ensoñación de esos imbéciles sociales (con algún hijoputa social a la cabeza) que el lenguaje políticamente correcto al uso llama nacionalistas cuando engendran esa entelequia que llaman nación.
La nación es el sueño. La patria es lo real, lo tangible. No se muere ni mata por la nación, se hace por la patria. No se defiende la nación, se defiende la patria: TODO POR LA PATRIA.
Y otros imbéciles sociales que vienen detrás (secesionistas, que es lo que viene después) defienden que, pues unos hablan de patria así y asá ¿por qué no ellos de la misma forma?. Ahí se queda el argumento “racional” e impecable. J. Erkoreka lo suelta tan pancho en la entrevista digital que se le hace (filtradas las preguntas, claro) desde El País el 20 de Enero de 2005. El “anda que tú” ya hace tiempo que se impuso como el argumento político de mayor alcance en lo que queda de aquella Iberia, hoy mera nación de naciones.
Vuelvo al inicio. La patria es un subproducto de una ensoñación. Vamos a dejar de lado todos los títulos honoríficos de esa ensoñación: metarrelato, mito, entidad natural... todos comprensivos para una realidad que lo es en cuanto invención y en cuanto causa de otras realidades... a través de esos subproductos como patria, pueblo, cultura, raza...
Como individuo sólo quiero ser ciudadano, y por eso miembro de un Estado (que se quede en eso, por favor, fuera lo de “nación-Estado” o “Estado-nación”) que le garantice y avale unos derechos civiles y políticos, el único “cuerpo político” por el que estoy dispuesto a luchar, aunque sea una “construcción artificial” y denostada por los filósofos (no todos claro, pero sí Xavier Rubert de Ventós, por ejemplo... y Monseñor Setién –lo de Mon no es “mi” sino de “montaraz”, creo-).
Y uno de esos derechos ya destilados con el tiempo, pero que no caben en la nación es el de la libertad de soñar a contracorriente y de expresarse también a contracorriente. Y no caben en la nación porque se les acusaría de traición “a la patria”. Y quedan entonces fuera de ese cuerpo político “natural” como aquellos órganos que inducían al pecado en los cristianos y que llevaron a más de una emasculación.
Pues bien, en mi sueño de ciudadano, tengo apretones virtuales que me inducen a la perentoria necesidad de hacer de vientre. Y he encontrado esas letrinas virtuales. Numerosas y anchas, como los apretones que vienen a menudo.
Así, en cualquier momento, una urgencia me lleva a la primera patria que tenga en mente y que haya proclamado el último soplapollas desde su taifa o corralito particular. Y el alivio obtenido me lleva a agradecer que alguien tuviese esa genial idea de ir creando patrias por doquier.
Mi parte racional o “artificial” de ciudadano, queda para el Estado. La parte orgánica o “natural” queda, pues, para las patrias.

Una generación ahistórica (5)

El tiempo psicológico, que también –y acaso aún mejor- se puede denominar tiempo vivencial para esta generación, me resulta más difícil su análisis.
Si para el tiempo social resulta fácil describir cómo se integra esta generación, fuera de los juicios de valor (y “a priori”) que se puedan hacer, poco se pude decir cómo es percibido e interiorizado.
El ritmo es fácil que no sea el mismo. Dado el “acortamiento” en la longitud del tiempo que “controlan”, es posible que nada les diga la expresión “esperar”, frente a la opuesta “ya”. Pero el predominio de esta última es, de por sí, el rechazo a la reflexión y, por ende, la multiplicación de las posibilidades de error y/o fracaso. Pero, tranquilos (aquí sí cabe el “espera”): hay/habrá más oportunidades.
Tiene otras consecuencias esta “aceleración” del ritmo en la experiencia del tiempo. Por ejemplo, el aburrimiento. Pocas generaciones pueden declarar un volumen tan alto de “tiempos de aburrimiento”. Y sospecho que no es por la soledad del individuo. Tampoco, acaso, por el hastío de tener tantos y tantos medios para la evasión. Creo que es una “mala gestión” del tiempo, de la vivencia del tiempo. El aburrimiento es una sensación que ocurre en un espacio de tiempo que media entre dos momentos “entretenidos”. La sensación negativa aumenta con el alargamiento de ese espacio... que no tiene que ver con una medida absoluta (de reloj, por ejemplo) sino con la interiorización. Por tanto, con la predisposición a aburrirse... por tanto, con el retardo del “ya” al que ya se ha acostumbrado el individuo.
Ni que decir tiene que esta incapacidad para aplicar la paciencia en la consecución de objetivos impuestos desde afuera (y, a menudo, también autoimpuestos) lleva a la frustración y de ahí a una pérdida de la autoestima que dispersa su influjo negativo sobre muchas otras facetas de la vida del individuo. Demasiadas veces, este “fracasado” tiene que recurrir a estimulantes que le impulsen... a mantenerse.
Mala cosa que no se sepa gestionar el tiempo. Mal lo tiene la generación ahistórica.
Y peor la sociedad que no supo enseñar esa gestión del tiempo.
Una dificultad mayor la encuentro (acaso porque no hay perspectiva temporal aún) para decir algo sobre la “vivencia” de los ritmos de la vida: niñez, juventud, madurez y vejez. La niñez, en sus aspectos sociales como la supeditación y obediencia, sujección, disfrute de según qué bienes (antes “el reloj”, ahora “el móvil”)... se ha ido acortando: el niño se hace joven antes. Y lo demuestra en la vestimenta, en el vocabulario y en las actitudes de prepotencia.
Por el contrario, el adolescente mantiene comportamientos de niño (irresponsabilidad, por ejemplo) largamente. Y se mantiene ajeno a ese sentimiento de obligarse y de adquirir compromiso. En eso estaría el Peter Pan que lleva dentro. Pero incorpora rápidamente actitudes adultas, especialmente en el consumo.
Del joven que “crece” y llega a la madurez (es decir, que sobrepasa los 30) lo que hay es una apuesta por el eternamente joven: el deporte. Es de esa cohorte de edad de donde salen los clientes más numerosos de los gimnasios. Entiendo que en ello va una sensación de que se puede “congelar” ese tiempo vivencial.

Una generación ahistórica (4)

El tiempo histórico que esta generación adolescente (recuérdese: incluimos a muchos de hasta 30 y más) maneja con soltura es un tiempo corto. Es ese tiempo social vinculado al tiempo astronómico mínimo: el día, la semana, el mes y el año (y el minuto cuando se trata de una “demanda que sale de ellos”, no al revés, claro). Son los únicos que son capaces de llenar de contenido. Aunque ese contenido no coincide con el que le da el resto de la sociedad, por supuesto.
El día -de “aproximadamente 24 horas”- se divide, desde luego, en día y noche... pero las actividades asignadas a una u otra parte del día no coinciden con las de los mayores: la noche es la de actividad intensa (¡no trabajan a turnos!) y la luz es para las tareas de “baja intensidad”: obligaciones para con la parte de la sociedad que no son los pares como estudiar o trabajar.
La semana, tampoco es un tiempo social cuya vivencia coincida con el de los mayores. Son “siete días”, cierto... pero ni duran, ni miden ni suponen lo mismo: para los mayores son cinco días más dos; para esta generación ahistórica, son dos más cinco. Y aquí el orden de los factores altera todo. Los dos del fin de semana pueden ser un interludio (para los mayores, por ejemplo) o pueden ser la meta: el fin de semana es el que da contenido a la semana. Y no al revés.
El mes para los mayores tiene significados concretos: el recibo del banco, lo que da de sí la nómina... Para los cachorros de esta generación (insisto, algunos ya no vuelven a cumplir “los treinta”) es “uno menos” para las vacaciones. Y para los más exquisitos, son los 30 días que van de un dispendio a otro (me refiero a los compradores compulsivos de día fijo, sea tecnología, ropa o tunning... y si es un adorador de la estética corporal, pues el mes es el plazo máximo entre retoque y retoque).
¿El año? Bueno: el cumpleaños, los “topes” para conseguir más “cuerda en casa”, para ponerse con “el carnet de conducir”... para “ser mayor” y que no se metan en su vida. Para los mayores (que los padecen), el año es... un año más aguantándolo y aguantándole la soberbia. El año pasado es solamente un album en el que se han “pegado” una serie de recuerdos de experiencia propia (e intransferible) pero sin mayores referencias a un ámbito más amplio y “social” propiamente.
En fin. El tiempo social es, para esta generación, un tiempo individual

Una generación ahistórica (3)

El tiempo social, tiempo histórico como venimos llamándolo para resaltar su carácter “discursivo” en los dos sentidos: que “deviene” y que “se narra”, es un desconocido para la generación que ahora está en la adolescencia y la que hace poco ha salido (menores de 30 años y un porcentaje no desdeñable de las cohortes que van de los 30 a los 40). Su memoria no va más allá de su propia infancia: Cuéntame como pasó o Los ochenta. Precisamente ésta última apuesta por la música como gancho para atraer a la audiencia. Y aquella los pequeños logros de la libertad doméstica que se iba adquiriendo en plena disolución de la tradición. Por eso tiene un contenido “histórico” bastante mayor. Por eso se la tilda también de “fascistorra”... sin saber muy bien qué quieren decir con eso. ¿Ñoña? ¿Blanda? ¿”De derechas”?. En fin. Sí se le puede reprochar que tape tanto el pasado anterior, desde la II República hasta finales de los 60: unos toques ocasionales sobre la muerte del padre de Antonio Alcántara, del exiliado que amaba a la madre de Mercedes, el excarcelado (que hizo un par de episodios José Luis López Vázquez), o los recuerdos de D. Pablo como alférez provisional. Poco. Pero también es verdad que eso es lo que hay: a todos se nos ha negado en la propia familia –acaso por dolor, acaso por miedo- ahondar en ello. Y cuando ha sido posible se planteó puramente como memoria para vengar... no para recuperar y aprender de ella.
Y esa falta de memoria de los dos primeros tercios del siglo XX es un arma para los aprovechados. Es fácil empujar a los jóvenes desmemoriados a realizar travesuras y tonterías para realizar programas marcados por el hijoputasocial de turno. O para aprovecharse de ellos como mano de obra barata y “deslocalizable” o como consumidores compulsivos.
Sin memoria se es carne de cañón porque falta el juicio que da el tener criterios sólidos. Hablamos de valores “cívicos” o “cristianos” pero no tenemos criterios. Y éstos se adquieren conociendo las sociedades que nos han precedido. Los valores se ejercitan hoy, pero son el resultado de una historia.
Un ejemplo: pocas generaciones han apelado tanto a sus “derechos” como individuos (los derechos humanos) y como ciudadanos, como la que estamos pintando. Pero tampoco ninguna generación ha sido tan poco consciente del coste de llegar ahí y de las “servidumbres” de esos derechos: los deberes. Una generación que sabe exigir y no sabe dar. Y ahí está su defección del Estado... y del estado actual de cosas: de la política, del trabajo... de sus obligaciones como personas adultas en cuanto cumplen la edad.
Otro ejemplo. Históricamente el joven buscaba el momento de abandonar la casa paterna y “ganarse la vida”. Hasta el que heredaba la hacienda suspiraba por el momento de asumir la dirección de la casa. En el último siglo, en un mundo de ciudades y de trabajos no agrarios, el abandono del “nido” se hacía impelidos por la necesidad (los hijos de los trabajadores, trabajadores habían de ser) o por deseo expreso de vivir en libertad. De la experiencia colectiva pasada se sacaban las enseñanzas para formarse las expectativas propias. ¿Ahora? Ahora a ver quién echa de casa al mangarrián que tiene cama, plato y coberturas extraordinarias. De acuerdo que, a menudo, su sueldo es para poco más que para pipas. Antes también, coño. Pero no se empleaba en borrachera y disco de fin de semana. Ni en “tunning”.

Una generación ahistórica (2)

El concepto de tiempo, del tiempo histórico, el astronómico (antes conocido como “absoluto”) o, incluso el psicológico, es una adquisición indispensable para moverse en la vida. No se enseña de forma explícita (que yo sepa) nunca. Pero es que los contextos en que se enseñaba de forma “implícita” antaño, ahora no se dan: el diálogo con padres y abuelos, la lectura de “clásicos juveniles”, del calendario y las festividades, el “esperar” para alcanzar el premio... no se practican.
El único tiempo histórico que se conoce es el que está vinculado a la tribu de adscripción: la pandilla. El “estilo” y moda –que vienen dados por una estética personal y una cultura musical, acaso cinematográfica también... de ¡videojuegos!- son los referentes para situarse en el tiempo. No se necesita un antes salvo para motejarlo: carrozas o carcas, se decía en otra época al calor de la rebelión contra los padres para disponer de más “libertad”. Hoy ni eso se da: “pasa de mi”... Y esa estética y cultura particular se mantienen en el tiempo mucho más allá de lo que fueron los márgenes habituales de la adolescencia: a ello se refiere el “sentirse joven” continuamente. A los treinta y a los cuarenta “la aventura” y el compromiso con uno mismo por encima de cualquier otra cosa “de viejo”. Un tiempo inmóvil en el que se reproduce la adolescencia de forma permanente. La vejez, algo real y palpable, se esconde, se ahuyenta... hasta con viagra.
Hacia atrás no hay mirada. Hacia delante “asusta” y no se mira... por lo que tampoco se puede ver. Queda la ceguera del momento, el ensimismamiento del pasota. Se puede llegar a rechazar la sociedad (el “rebelde sin causa.”.. y ahora, seguramente, ¡con menos causa aún!) por lo que en este momento ofrece. No parece necesario conocer cómo se llegó a este estado para valorarlo en toda su extensión: afirmarlo o negarlo por la apariencia y “en caliente”, sin la perspectiva que da el saber cuánto sufrimiento se necesitó para llegar a este momento. Cuánto sacrificio de las generaciones pasadas para ahora decir, sin más, “no me gusta”... ¡¡que me den otro tiempo!! O cuánta mentira se acumuló y que debe ser desentrañada para construir más firme. En fin: sin pasado (social) conocido, sin la “experiencia” acumulada... no puede haber “expectativa”. Lo uno trae lo otro. Si no tengo más experiencia que la mía, no puedo tener más expectativa que contando conmigo: el individualismo llega al puro solipsismo. Eso es lo que se está incubando.
Y, a menudo, cuando se “imparte académicamente” o por los medios de comunicación (“Memoria de España” u otros programas diversos “de Historia), o en las “novelas históricas” y películas de ídem, lo que se glosa es TRADICIÓN: la mirada melancólica que se echa sobre “el pasado fue mejor que el presente” (como si ese pulso no se hubiese librado y ganado por los “novatores” allá en el XVII). O la búsqueda de “raíces”: un hombre con raíces –no es lo mismo que un hombre con memoria- está atado al suelo (territorio/tribu). La TRADICIÓN no es HISTORIA porque aquella niega el cambio, siquiera sea en el lamento que acepta lo inevitable del mismo. La HISTORIA es, por esencia cambio. Y el cambio es el TIEMPO.
Cuando los líderes tribales actuales hablan de singularidades (“comunidad histórica”, o sandeces similares) apelan más que a una cultura –que en poco se diferenciaría de la del vecino: acaso un plato, la lengua y muy poco más- lo hacen por esa tradición: unos tiran la cabra y otros saltan como cabras en las celebraciones.

Una generación ahistórica

Una constatación: el conocimiento histórico de los adolescentes (y llevo esta etiqueta hasta los 30 años) es, en general, nulo o muy deficiente. Otra constatación: no tienen un “mapa del mundo en que vivimos” (sí del [estrecho] “mundo en que viven”). Y otra: no tienen perspectiva de futuro más allá del próximo fin de semana; acaso, de las próximas vacaciones.
Insisto. Es una constatación, no una mera hipótesis. No obstante, vamos a tratarlo como tal hasta su confirmación.
Entre todos los análisis que periódicamente se hacen sobre capacidades adquiridas en la escuela por los adolescentes (el último “sonado” fue el informe PISA, pero también el INCE ) la falta de conocimientos (que aquí serían CRITERIOS para guiarse en el presente: el conocimiento histórico sirve –ni más ni menos- que para organizar el pasado de forma que “informe” el presente... en el que se construye el futuro) es aterradora. Se insiste en el “analfabetismo” para las nuevas tecnologías, el “aprender a pensar”, en... pero se deja de lado el “aprender a vivir como ser racional”.
La cosa viene de atrás. El BUP “fosilizó” el estudio de la Historia con un programa, tanto el de 1º como el de 3º, excesivamente amplio e inacabable. El resultado es toda la caterva de politicastros que, con un desconocimiento abismal de los siglos XIX y XX (este último jamás se dio en el aula y si se llegaba a tocar era desconectado de lo anterior, saltándoselo y con una visión casi siempre sesgada) hoy hablan del pasado como una genealogía del presente y futuro imaginados, deseados y que pretenden construir cual Prometeos nuevos. Pero Prometeo no tenía historia detrás, tenía sólo el presente y el futuro.
Es imposible comprender las tonterías que hoy dicen incluso los que estudiaron el útlimo bachillerato anterior al BUP sin apelar a ese brutal desconocimiento de la modernidad y la contemporaneidad subsiguiente. Sí que se conoce la Edad Media. Aunque al modo legendario.
Y la LOGSE vino a rematar la cuestión. No porque “mezclase ciencias sociales con Historia y Geografía” (se necesitaba en la Historia que se daba y se estudiaba un buen baño de ciencia social: Economía, Sociología, Antropología, Derecho...) sino porque laminó el tiempo que se dedicaba a la materia, se cortó lo que se suponía prescindible y, finalmente, se distribuyó la materia a lo largo de los cuatro cursos de forma que el lapso veraniego venía a liquidar lo ganado durante el año. Es más: sin manejar un concepto adecuado de tiempo, se introducía el estudio de las sociedades de la Prehistoria y la Edad Media a una edad en que no se ha ganado el concepto de tiempo... ni había posibilidad de hacerlo.
(...)
Continuaremos.

Para un catálogo de imbéciles sociales (2)

Podemos seguir por la senda de los personajes públicos, en este caso de los tribalistas catalanes: Puigcercós, Carod Rovira, & cetera.
¿Dónde radica su imbecilidad (social)? El imbécil social, decíamos, se identifica por sus actos (incluídas las declaraciones, claro está) y la relación que estos guardan con un fin dispuesto por el hijoputa social que se sirve de este tonto útil que es el imbécil social. Claro que esto nos obliga a encontrar el hijoputa social, y esa puede ser una tarea difícil.
Hay un fin declarado, la independencia de Catalunya, y varias estrategias en liza: tensión, gradualismo, apuesta europea para desintegrar el Estado, etc. El hijoputa social en esta historia tiene más el aire de un ente colectivo que el de un líder claro y distinto que “pastorea” y crea la clientela para su discurso. Pero dejemos ese punto para cuando construyamos el catálogo de hijoputas sociales.
ERC ha optado por la estrategia de la tensión. El apoyo electoral que ha ido ganando gracias al imbécil social de Carod Rovira entre catalanistas desencantados de CiU y que confunden tribalismo con izquierda (mejor: utilizan esta como coartada para instalarse en el tribalismo puro y duro) es la base sobre la que se apoya la chulería con que actúan todos sus dirigentes (incluido Bargalló). Y esa chulería es vista como la fórmula adecuada para dar “por el culo” a los españolistas: Más madera... Además, los tiempos van con nosotros, que dicen los tribalistas. Lo que ya no dicen es que la “solidaridad bien entendida empieza por el bolsillo propio”. Algo que piensan todos los tribalistas desde los nacionalistas escoceses hasta los “padanos”; desde los “eslovenos” hasta los “flamencos”...
Pero no es un juicio de eso lo que estoy proponiendo, sino demostrar la calificación de imbécil social de, por ejemplo, Carod Rovira. Vaya por delante que, el tal tontolculo (esto sí es un insulto, no un juicio científico) es también un “payaso”, un ridículo que, aún siendo un hombre público (no necesariamente un “puto”) se deja embalar por reacciones en caliente... para luego rebobinar.
Es un imbécil social porque de ideas propias carece. Sólo es suyo el histrionismo y las meteduras de pata. Es suya la chulería. Pero el discurso se lo ceban como se da a los cerdos par engordarlos y llegar al sanmartin. Aparentemente lidera, pero es guiado por otros. Es una marioneta. Hace el papel de “malo”, como otro imbécil social que se llama Egibar y eso se complementa con el papel de “bueno” de elementos como Bargalló (equivalente del imbécil social “moderado” J.Jon Imaz).
Como imbécil social es portavoz, altavoz y difusor de unas ideas que benefician al hijoputa social en la medida que buscan el enfrentamiento gratuito desde una postura cómoda: la carne de cañón que la ponga otro.

El monopolio de la VERDAD

Sólo puede aspirar a tal el loco, el tonto, el imbécil o el Papa. Lo siento por la rudeza de la afirmación... que no aspira a ser Verdad, claro está. Es sólo la certeza que me da el sentido común y la experiencia de mi vida hasta ahora.
La característica clave de la Iglesia católica es sostener su necesaria existencia como intermediaria entre los humanos (hombre y mujer los creó, dicen, por tanto y para no ser giliprogre, diremos “humanos”) y la divinidad. Consecuencias de ese axioma son, entre otros, la larga persistencia del analfabetismo (incluyendo también el “visado” sobre lo que pueda decir la ciencia) y la funesta inclinación al fundamentalismo.
Quien esto escribe lucha permanentemente por huir del “fundamentalismo” (laico, en este caso, aunque se incurra en contradicción, pero así lo sostienen los defensores de la “única VERDAD”) heredado tras 8 años de convivencia con esos sostenedores de Verdad, además de la férrea educación nacional-católica que rodeó la infancia y adolescencia del mismo.
Pues bien. Ahora, tras la aceptación universal (católica, por tanto, si el sinónimo es generalizable) de que el matrimonio es un contrato, viene la VERDAD y dice que sólo lo es el que realizan hombre y mujer (se supone que para procrear “almas” que contribuyan al sostenimiento de la Iglesia). Y, además, como corolario, sólo existen hombre y mujer, pues así “los creó”.
No hay más matrimonio que el canónico y -se supone- el civil debe supeditarse a éste. ¿Hace falta recordar la sarta de tonterías que dijeron los obispos españoles a comienzos del siglo XX cuando Canalejas –aquél “anticlerical” y “comecuras” ¡!- introdujo el matrimonio civil?
Hace menos de un año se celebró un matrimonio canónico en este país, en España, acompañado de la ceremonia civil también... como “segunda oportunidad” para uno de los contrayentes... que antes había “probado” el matrimonio civil exclusivamente. ¿Se entiende que vivió en concubinato antes y eso se “limpió” con una simple confesión y la penitencia consiguiente?
Lo cierto (joder: ya me salía “la verdad es que...”: ejemplo de mi educación en la VERDAD) es que la evidencia no es algo que pueda destruir la VERDAD. Se han necesitado 350 años para aceptar que Galileo no iba desencaminado. Tiempo más que suficiente para que Belarmino, el cardenal que sostenía la VERDAD inspirase las mayores tonterías en los acólitos de esa VERDAD.
Para profundizar en las tonterías actuales: Conferencia episcopal Este órgano colegiado, reserva espiritual de occidente se resiste a perder el monopolio de la VERDAD aquí y -se supone- es la boca del Papa, que a su vez lo es del Espíritu Santo, que es uno de tres... Y si a imagen de ese "uno" fuimos hechos... TODOS SOMOS TRES AL MISMO TIEMPO, entiendo que hombre, mujer y el intermedio. ¿De qué se escandalizan?

Para un catálogo de imbéciles sociales (1)

Quede muy claro y por delante que imbécil social es un concepto sociológico y no un insulto. Aunque guarde cierta relación “de origen” con el insulto: el idiotiké griego.
Ibarreche. Una autoridad del Estado –mal que le pese- opresor ya que es a ese Estado a quien le debe su cualidad política. Que lo hayan votado ciudadanos españoles (del Estado, repito, opresor) avecindados en municipios que constituyen las “provincias vascas” y que se dicen, juran y asumen, tener una condición “exclusivamente” vasca (habrá que dilucidar en otro momento qué quiere decir eso) no significa más que en las normas de ese Estado opresor se traslada a sus ciudadanos la capacidad para elegir a las autoridades que, en nombre de los votantes actúan como Estado. Sólo (y ¡nada más! que) eso.
¿Es un imbécil social?. Bien. Vayamos a la caracterización que hemos dado antes de ese concepto (ver 28 de setiembre de 2004). Más que una definición, hemos dado una caracterización del imbécil social. No se olvide que estamos ante una “aproximación” para posteriormente teorizar. Tal vez el método inductivo sea el más propicio para este viaje.
¿Tonto útil? ¡Ai-ba-la-ostia! ¡Anda que no! El anterior lehendakari no se dejaba manejar tanto por el hpsocial papá X.Arz. y fue apartado. No hubiera aprobado el deslizamiento de Lizarra, alucinación del mencionado hijoputa social que tanto disculpa como “esos chicos descarriados” a los máximos hijoputasociales sin partido ahora y con armas para matar. Pero este Ibarreche sí que se deja manejar e imponer: es un tonto útil. Es, espcialmente, un espantajo de los manipuladores que hay detrás. Por tanto, ya cumple una condición.
¿Es un fajador? No hay duda: las hostias las lleva él. Es una víctima propiciatoria del partido. Y sabe sobrellevarlo con todo el ánimo exigible a un imbécil social. Tono de voz monocorde, sordo a cualquier sugerencia que se salga del guión que le han entregado –lo que revela que no manda, obedece-... y, además, admite que tiene anchas espaldas (como otro imbécil social del que hablaremos pero éste más al Este y de más de 100 kilos de peso) para sobrellevar la redención del pueblo elegido, su tribu. Segunda condición cumplida.
¿Hace el imbécil? Bueno. El día sólo tiene 24 horas. Aquí y en ese lugar donde Dios descendió a dar un RH singular. Pues bien, 24 horas haciendo el imbécil son suficientes para dar la categoría: ceremonias ancestrales, ridículas de puro folclorismo; declaraciones de tonto de baba, donde se confunde sociedad con tribu, vecino con ciudadano, querer con derecho, y derecho “colectivo” con derecho “individual”; diseño de planes increíbles, artificiosos, engañosos cual verdades reveladas cuando Jaun entregó las tablas no escritas (les dio una lengua pero no les dio caracteres para escribirla por lo que hubieron de esperar a que viniesen los imperialistas romanos a dárslea ¿o fueron los más imperialistas castellanos?; ... Si el día tuviese 30 horas, 30 horas de ETB con deportes autóntonos y 30 horas de tonterías ibarrechianas. Por ahí, otra condición más.
¿Tiene ideas originales? Aquí es más difícil asegurarlo. El catecismo ya lo escribió San Sabino y lo actualizó el jesuita. No hay mucha más tela que cortar. Pero como “tiene un plan” y lleva su nombre, habrá que asignárselo y, por ello, darle la cuarta condición como cumplida. Además, está claro que busca un efecto. El mismo que los hijoputas (sociales, no nos confundamos) que tiene detrás.
Decididamente, hay pocas dudas de que el buenazo segundón de las campas de Salburúa y adornado con el bastón de mando de roble auténtico, pastor del rebaño que creó San Sabino, el ínclito Ibarreche, es un exclusivo miembro del 5% invariable a lo largo del tiempo.

Aplicación de la teoría del imbécil social

Decíamos que el imbécil social es el tonto útil del hijoputa social. Vamos a aplicar la teoría en un caso concreto: el autor de la expresión atentado teledirigido. ¿Es tonto? Pues sí. ¿Es gilipollas? Pues sí. Es un imbécil social. Vamos a ver.
Los griegos llamaban idiotiké al que quedaba fuera de la ciudadanía por no tener capacidad de raciocinio. Es de ahí de donde nace la teoría del imbécil social.
El raciocinio es una capacidad humana que se aplica a desentrañar la realidad siguiendo una secuencia lógica de antecedente y consecuente. Por tanto no es humano algo que habla, que dice cosas (las dicen los loros, por ejemplo); no es algo que se puede expresar a través de un lenguaje más o menos simbólico (los chimpancés pueden hacerlo); no es algo que entiende el lenguaje humano sin más (parece que hay un perro que sí entiende hasta 250 palabras); & cetera. No, no se es humano por eso: se es humano por razonar. Ni siquiera por ser brillante en la expresión: un loro puede hacerlo hasta aburrirnos.
Entonces el autor de la expresión atentado teledirigido no es alguien dotado de raciocinio... a priori. Pero tampoco a posteriori, como espero demostrar.
La repetición ad nauseam de la conspiración PSOE-Guardia Civil-Policía Nacional-Mineros asturianos-Gitanillo-Trashorras-Toro-Mohamed de Marruecos-& cetera perfectamente documentado por los (aquí no es necesario demostrar nada: me remito al final de las notas para una teoría del imbécil social) periodistas mercenarios de El Mundo del siglo XXI (joder, si ese es el mundo que tenemos por delante) no demuestra que sea verosímil. Aún así, quien debería mostrar la responsabilidad propia del cargo político que ostenta (debida, por lo visto a su afán de “hacer dinero en la política” como consta en grabaciones de hace unos años), sigue abonando la teoría.
No razona: repite cual altavoz lo que JPedro dice y manda decir. Y lo hace para joder. Esa, recuérdese, es una característica básica del imbécil social. Ahora bien, cuando se está en la altura en la que está el autor de la feliz expresión, se corre el riesgo de ser elevado por patada en el culo al nivel de hijoputa social. Eso sí, hay que tener entidad para ello. Y no sólo cara bonita y aire de chuloputas.
No hay lógica, sólo suposición y la verosimilitud de esa mierda que salpica al ponerla delante del ventilador. Como tiene en alta estima su traje, se pone detrás del ventilador... pero acabará saltándole. Por lo pronto, no lo quieren ni en su tierra... no vaya a ser que ensucie las naranjas.

Estudiar lengua, sólo lengua...

Y un poco de matemáticas. Hace tiempo que vengo considerando esta posibilidad. Y ahora que estamos en ese proceso tan democrático de “Una enseñanza entre todos (y todas) para todos (y todas) ” es oportuno desarrollar la idea. También es oportuno por esa genial idea (no es de bomberos, es de pirómanos) de hacer oficiales en todo el Estado (antes de la operación de cambio de sexo se llamaba España) las tres lenguas cooficiales en los corralitos correspondientes. Aunque es una ofensa grave el no reconocer las otras cuatro –al menos- de tanta “historicidad” por lo menos. Me refiero al Bable (en todos sus dialectos, al menos los cuatro reconocidos), la Fabla aragonesa, el Andalú y el Árabe recién reivindicado por (tonto)tripartitos varios. Y espérate que aún saldrán más: cada cantón y no sólo cada taifa tiene derecho como el que más a ser comunidad histórica con portero y ascensor. ¡No faltaba más!
Bueno. Lo cierto es que sí, que en la Educación Obligatoria sólo debe estudiarse eso: Lengua y Matemáticas. 18 horas de Lengua y 12 de Matemáticas semanales. Dos únicas materias. Está claro que en esta situación no cabe hablar de la asignatura de Religión ni de Historia de las Religiones. Para qué: el nazionalingüismo es una religión y tiene su origen en el afán de los salvadores de almas de salvarlas en su propia lengua: Montserrat, Arantzazu, Cuadonga, El Rocío...
De las 18 horas, un tercio deberían ser para leer y escribir. A ver si mejoramos la expresión y en vez de poner “govierno" aprenden a poner “gobierno” evitando la interferencia, pongamos, del inglés (aunque luego pueda interferir el catalá). Otro tercio debería dedicarse a dar “Cultura nazional” para sustituir a las Ciencias Sociales. En esa asignatura de Cultura Nazional deberían darse, siquiera transversalmente, enseñanzas concretas como multiculturalismo y memez; aldeanismo para un mundo global; mujer, velo, pañuelo y mis raíces tradicionales; Boina, montera, turbante, barretina & cetera, y mis raíces tradicionales. Y también materia de Ciencias Naturales, no vayamos a perder el tren de la modernidad y la ciencia: Sabiduría popular y explicación de la Naturaleza, etc. Dejo abierto el asunto/asunta.
Y el otro tercio a la gramática, vocabulario y batiburrillo de las, como mínimo, ocho lenguas necesarias para convivir, para vivir sin vivir en mi.

Soy un comecristianos

Soy un león en el circo. Me como devotos cristianos imponiéndoles mi forma de entender las relaciones sociales. Les obligo a divorciarse so pena de infierno aquí. Les impongo la asistencia a las liturgias varias y al pago por asistencia y cumplimiento de las mismas so pena de ponerles el sambenito de moral equivocada y disoluta. También pido para ellos la obligatoriedad de casarse con alguien del mismo sexo para poder luego adoptar a niñitos a los que educar en la pederastia, perdón, en la homosexualidad... si es que ésta es aprendida y no es una maldición de Satanás que anda por las x y las y cromosómicas.
Soy un fundamentalista que impongo mi moral nacida de un catecismo elaborado por mentes en conexión con dios. Y como éste es atemporal, pues impongo esa moral válida para una sociedad de pastores, de agricultores, de matones de filisteos (pronúnciese “palestinos”), de caballeros feudales, de... purpurados vaticanos. Mi moral laica y de desprecio hacia pensamientos únicos revelados, la estoy imponiendo a machamartillo a esos cristianos condenados y encabezados por unos dirigientes que desde la Casa Real a las autoridades autonómicas y aún municipales se arrodillan ante el purpurado y aguantan el chaparrón. Una moral, un comportamiento el que impongo desde ese predominio que me da el poder, las tribunas de autoridades, la presidencia de actos... Sí; desde ahí impongo mi moral laica y anticlerical: cuando voy a la ofrenda ante la tumba de Prisciliano; cuando la festividad de mi nación-región-taifa; cuando la fiesta del pueblo... y presido la liturgia con plena libertad de expresión.
Como son una minoría perseguida, estoy empujándolos a las catacumbas de la prensa escrita: ABC, La Razón, La Vanguardia, El Correo... en los que, ya se ha olvidado al único dios verdadero. Ahí me explayo y exijo el cumplimiento de mi moral laica. Y hago llamamientos a la desobediencia civil para corregir el rumbo de esta disoluta sociedad.
No van a tener donde hacerse notar: los he arrojado de todas oenegés: dos de cada tres ya son mías. Ahí capto el dinero que, además de servirme para la misión encomendada, lo utilizo para campañas de propaganda e imposición de mi moral, de mi verdad. Sí. Me impongo porque me están dejando sin fondos, me están tocando... la cartera. Y también me están tocando los... altavoces: desde mis centros de educación (tres de cada cuatro centros privados) impongo mi forma de ver el mundo. Ahí digo esa barbaridad de hombres y mujeres iguales en todo. Y esta otra: disfruta la vida y manda a tomarporelculo milongas de pensamiento único.
Sí. Decididamente, están perseguidos. Que se jodan... aunque me dan una pena...